Guiña el arrecife a la tarde serenatas diversas coloreadas de miel.
En lontananza tenues luces se vislumbran aún,mientras el final del día y la entrada de la noche cabecean entrelazados.
El duende del viento juguetea dispersando, atrevido,
el aroma salino del mar a lo largo de la playa e incita, a su contacto,
el sueño de futuros goces.
Contemplativo, sereno, cavilas sobre el escalón de piedra natural,
y en tanto esperas, la cómplice curvatura de tu enigmática sonrisa,
dibujándose sutil, se asienta.
Saludos.