Caminante del Mayab de Fernando Castro Pacheco
En camino empinado
siempre carga su vívida pregunta,
con sutiles arados,
con el miedo que unta
sobre el mutismo atroz con que despunta.
Es pródigo en su tierra
con querellas de toda travesía.
Las caricias entierra:
lechos de alevosía.
¡Pleno y febril el forastero ardía!