he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.
días enroscados con descuido a mi desgana.
Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.
Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.
Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?
¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?
No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.
¿Ese frío?, un amor del bueno.
Así lo siente su corazón.
Saludos