Aunque ahora estoy aquí, yo era La Pinta
que animó a Don Martín en el intento
para empujar mi proa a sotavento
por una ruta oceánica distinta.
Con el trinquete y la mayor sin cinta
singlé primera y rauda como el viento,
que me impulsaba hacia el descubrimiento
-por mares de glicinas o su tinta-
de tierras con gentiles cocoteros,
en bosques apacibles de esmeralda
tras playas con arena cristalina.
Y mientras mis audaces marineros
oraban o palmeábanse la espalda,
yo arrié mis velas nórdica y latina…
Pero nadie imagina
que, al cabo de seis siglos de mi anclaje,
quiso el artista hacerme un homenaje
y abordé el cuadro a saltos del oleaje.
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que animó a Don Martín en el intento
para empujar mi proa a sotavento
por una ruta oceánica distinta.
Con el trinquete y la mayor sin cinta
singlé primera y rauda como el viento,
que me impulsaba hacia el descubrimiento
-por mares de glicinas o su tinta-
de tierras con gentiles cocoteros,
en bosques apacibles de esmeralda
tras playas con arena cristalina.
Y mientras mis audaces marineros
oraban o palmeábanse la espalda,
yo arrié mis velas nórdica y latina…
Pero nadie imagina
que, al cabo de seis siglos de mi anclaje,
quiso el artista hacerme un homenaje
y abordé el cuadro a saltos del oleaje.
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