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Cómo me va sin ti, preguntas en el viento,
como si la distancia no trajera olvido,
como si tus labios no hubieran bebido
la amarga soledad de un cruel desaliento.
Me va como a la lluvia en el desierto ardiente,
como al suspiro ahogado en la noche callada,
sin el eco de tu risa, sin tu mirada,
como un barco varado, sin un mar viviente.
Me va sin rumbo, pero con el alma plena,
de aquello que dejamos en el tiempo roto,
de las cenizas que aún queman mi piel ajena.
Y aunque me arrastre el mundo en su largo yerto,
sigo siendo en tu ausencia lo que en ti me brota,
la sombra que te sigue, aunque ya esté muerto.
Cómo me va sin ti, preguntas en el viento,
como si la distancia no trajera olvido,
como si tus labios no hubieran bebido
la amarga soledad de un cruel desaliento.
Me va como a la lluvia en el desierto ardiente,
como al suspiro ahogado en la noche callada,
sin el eco de tu risa, sin tu mirada,
como un barco varado, sin un mar viviente.
Me va sin rumbo, pero con el alma plena,
de aquello que dejamos en el tiempo roto,
de las cenizas que aún queman mi piel ajena.
Y aunque me arrastre el mundo en su largo yerto,
sigo siendo en tu ausencia lo que en ti me brota,
la sombra que te sigue, aunque ya esté muerto.