Deslizo las venas empañando la lluvia,
rasguña la soledad la ventana vacía,
los ladrillos guardan un grito,
entre las sombras teje en silencio el llanto,
el miedo se incrusta en los rincones,
palpitan en el centro de los latidos hojas azules,
agoniza el viento en los suspiros,
ríen las gotas en su tintineo monótono.
Las huellas mojadas se burlan de mis deseos,
agua se vuelve el día y yo con el muero.
El sol ya no es mío y el cielo arde las arenas,
susurra una hormiga en los oídos del tiempo,
un beso se disuelve en lo profundo.
Suaves sobre el cristal roto
entre venenos agonizan los sueños,
puñales agudizando el dolor
entre alacranes sedientos vuelan.
El alma se retuerce abriendo nuevas heridas,
veredas oscuras muerden las orillas.
Enredada de lenguas podridas
la cabellera barre mármoles desechos,
cruje el árbol marchito en la brisa.
Cuelga el corazón en el abismo,
rompe la angustia la barca
y el frio siembra agujas en las manos.
Cuchillos afilados de boca quiebran los ojos
envolviendo este amor,
que la noche desgaja...
sin sentido.
Cada verso parece un lamento que se entrelaza con el paso del tiempo, mientras el miedo y el dolor se convierten en protagonistas. La referencia al agua y al abismo también sugiere una sensación de ahogo emocional, como si la narradora o el narrador estuviera perdiéndose en un vacío sin retorno.
Es un poema lleno de simbolismo, cargado de emociones densas que sugieren una lucha contra la desesperanza y la fragmentación de un amor que no puede ser sostenido. Sin duda, transmite un mensaje fuerte sobre el impacto del sufrimiento emocional.
Es fascinante cómo juegas con los contrastes y las imágenes, creando un mundo en el que todo parece estar roto y agónico, pero aún así lleno de belleza poética.