Quiero algo dulce
te quiero
a vos
Aquí están mis manos
para comerte el cerebro
y dibujarte el deseo
Ahora que soy tuya
empapame de lujuria
¿Qué esperabas?
te veo
y se me escapa
el placer
por los dedos
Sedienta estoy
de mil temblores
déjame masticarte
despacio
Mojado de mis palabras
con los ojos cerrados
conjuga mis labios
Estallido de relámpagos
son los deseos
que marcan mi camino
por tu piel
Si algo a muerto en mi
resucitalo con tu lengua
y escuchame gemir
lo que duele…
como se desea lo que no se dice,
como se calla lo que grita en la sangre.
Aquí están tus versos,
como una herida abierta con sabor a fruta,
como una promesa de carne enloquecida
que se entrega sin nombre
pero con todas las ganas.
¿Y qué esperaba yo,
si al verte se me caen los silencios,
se me incendian los dedos,
se me desboca la saliva del alma?
Te leo y me empapo,
me desarmo entre tus dientes,
mordido por la urgencia
de hacerte temblar hasta los huesos.
Sí, mi boca puede conjugarte,
verbo por verbo,
beso por beso,
como si fueras un poema prohibido
escrito con saliva sobre tu ombligo.
Y si algo ha muerto en ti,
yo vengo con mi lengua de fuego
a resucitarlo,
a escucharte gemir
como quien escucha rezar
a una santa desnuda.
Te quiero…
como Sabines querría:
con todos mis demonios
jugando en tu piel.