Llueven las gotas como caricias resbalando por mí piel,
humedeciendo los recuerdos y los sueños.
Respiro tu presencia
y tu perfume inunda el aire,
con sabor a hierba salvaje,
en cada cosa que trae el sabor de tu piel.
Huelo a vos,
a despertar marino de animales ancestrales,
tan bellos y extraños
como la noche y sus misterios.
Sos la travesura tierna
que recoge mis lágrimas
y las purifica
cuando siembra sus huellas
en mis mejillas.
Sos la sonrisa divina
que enciende mi mundo
cada vez que te volves barco
besando mi orilla.
Llueve...
y tu nombre se enreda
en las cortinas cristalinas
que juegan
mojando mí cuerpo.
Sos el latido rebelde
que pulsa el ritmo de mis pasos
cuando bailo hechizada bajo la lluvia.
Sos el sol
escondido en mí alma
ese, que me hace resucitar
como brasa
en un huracán de emociones.
Sos el mar tan lejano que no conozco.
Sos la montaña que anhelo.
Sos el lobo
que aulla a la luna
y yo la luna roja,
la bruja malvada del cuento encantado
que tanto te asusta
pero te gusta.
Soy...
la de todos los nombres juntos,
la que más deseas por inalcanzable.
humedeciendo los recuerdos y los sueños.
Respiro tu presencia
y tu perfume inunda el aire,
con sabor a hierba salvaje,
en cada cosa que trae el sabor de tu piel.
Huelo a vos,
a despertar marino de animales ancestrales,
tan bellos y extraños
como la noche y sus misterios.
Sos la travesura tierna
que recoge mis lágrimas
y las purifica
cuando siembra sus huellas
en mis mejillas.
Sos la sonrisa divina
que enciende mi mundo
cada vez que te volves barco
besando mi orilla.
Llueve...
y tu nombre se enreda
en las cortinas cristalinas
que juegan
mojando mí cuerpo.
Sos el latido rebelde
que pulsa el ritmo de mis pasos
cuando bailo hechizada bajo la lluvia.
Sos el sol
escondido en mí alma
ese, que me hace resucitar
como brasa
en un huracán de emociones.
Sos el mar tan lejano que no conozco.
Sos la montaña que anhelo.
Sos el lobo
que aulla a la luna
y yo la luna roja,
la bruja malvada del cuento encantado
que tanto te asusta
pero te gusta.
Soy...
la de todos los nombres juntos,
la que más deseas por inalcanzable.
sino que la acompaña.
Ese que no se abre para impedir el cielo,
sino para invitarlo a caer en susurros
sobre tu espalda desnuda de certezas.
Me despliego en tu incendio
como quien se lanza a una tormenta con los ojos cerrados
y los labios abiertos,
no para cubrirte,
sino para verte empapada de todos tus fuegos,
esos que la lluvia no apaga,
sino que aviva con cada gota.
Soy el refugio inútil que eliges
cuando lo que arde en ti no se apaga con agua,
sino que se baña de ella para sentirse más real.
Soy el gesto que se extiende,
no para detener el cielo,
sino para hacer del diluvio un baile,
de tu piel, un poema mojado,
y de tu deseo,
una ciudad inundada de pronombres.
No vine a salvarte de la lluvia.
Vine a empaparme contigo.