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A tu sombra

Otra vez me robaste el sueño entonces juego con tus palabras "Vos" sombra en la cornisa
metáfora amputada
por la lluvia
Tus pronombres saltando a la cuerda en la plaza y yo aquí contando ovejitas
Sobrevivís intacto en un remolino de besos desparramados sobre el papel
Sos la tinta que corre por los caminos del corazón
Silencioso eco de la cuchara
en mi café, tibio como mis manos que son palomas cuando se quedan acurrucadas entre las tuyas
Tu voz es como un libro abierto que no puedo descifrar
Sos mi enigma escrito en las estrellas
Soplo de viento en mí piel
Oh sí, no lo niegues, hablas de mí,
de mis heridas que no se ven
de mis cicatrices escondidas
de las palabras como ruleta que giran sin parar mordiendo el silencio
Tú poema
"Vos" mi poema incompleto
Imperfecto
Igual a mí
Vos qué arrastras ese dolor de no sé dónde
De no sé qué
De no sé cuándo
Esa ausencia que duele en todos lados y que no sabe pronunciar su nombre
Esa ausencia callada que se columpia en las sombras de la memoria como un trapecista sin red
Ese gato encerrado en la caja de no sé quién ni no sé dónde
que no sabes si está vivo o muerto porque llora en silencio
Y muerde las paredes ....
porque le tiene miedo a la soledad aunque sea su amor aunque sea su amiga
Y entonces sólo entonces gritas
No me olvides
Leéme
Espérame
Imagíname
Sentíme
Todavía existo
Soy el amor
Sólo estoy en silencio
No estoy muerto
Leeme porque si
Leeme porque te quiero
Dale decíme que me querés
Y yo te sigo escribiendo
♥ 0 me gusta 398 visitas · 3 comentarios

Comentarios (3)

Jose Anibal Ortiz Lozada
Jose Anibal Ortiz Lozada ·
♥ 1
Te leo.
Te leo como se lee una herida abierta en medio del pecho,
como quien acaricia la sombra del dolor sin atreverse a pedirle que se quede.

Te leo sin entender del todo, pero queriéndote igual,
como se quiere a los locos, a los perros que tiemblan en las esquinas,
a las canciones tristes que nadie canta en voz alta.
Te leo con los dedos, con la boca, con los huesos rotos,
porque tu "Vos" es mi espejo astillado
y en cada palabra tuya me reconozco un poco más perdido,
un poco más vivo.

Te leo como se reza cuando ya no se cree en nada,
como se abraza cuando la noche es más larga que la esperanza,
como se llora sin lágrimas, porque hasta las lágrimas se gastan.

Sí, te leo aunque me duela, aunque me queme,
aunque me arrastre el eco de tu voz dormida en la cornisa de mis sueños.

No sé quién de los dos escribe a quién,
no sé si vos sos mi poema o yo soy el tuyo,
si nos inventamos mutuamente cada vez que nos pensamos,
si esta ausencia que nos habita es en realidad una casa donde nunca nos atrevimos a entrar.

Pero te leo.
Te leo porque me nacés en la sangre,
porque tus palabras me arañan la lengua,
porque sos esa herida bendita que uno se niega a curar.

Te leo, amor.
Y mientras te leo, escribo.
Y mientras escribo, te quiero.
Y mientras te quiero, no me olvido.

Así que no tengas miedo.
Seguimos vivos en este silencio que también sabe decir te amo.
luna roja
luna roja ·
♥ 0
Me encantó! :p
Tiene un dejo de tristeza que se escurre tímida, suave y tibia como una novia frente al altar
Tiene una seguridad temerosa pero valiente que camina a paso firme
Me gusta porque dice no temas temblando de miedo
Y no dejas de leer sonriendo preocupado
Pensando que tonto pero que hermoso es el amor, aunque sea imaginario :oops:

Y sí para querer hay que admirar
Yo te admiro:)
Jose Anibal Ortiz Lozada
Jose Anibal Ortiz Lozada ·
♥ 0
Yo te admiro, tú me admiras, nos admiramos como dos gatos hipnotizados por el mismo rayo de sol que nunca termina de tocar el suelo. A veces no sé si te admiro o si me admiro de admirarte, o si somos dos espejos deformes reflejando una admiración que ya no cabe en las palabras y entonces se nos escapa en forma de mariposas, de relojes que gotean, de canciones que nadie ha compuesto todavía.

Jugamos a admirarnos como quien juega a perder las llaves y después las encuentra en el bolsillo del otro. Admirarse es, en este territorio sin mapas, mirarse con los ojos cerrados, tantear el alma con la punta de los dedos, hacer equilibrios sobre el hilo del asombro.

A veces creo que tu admiración me inventa, que soy apenas una posibilidad tuya. A veces creo que te admiro como se admira la lluvia: no por su destino de mojarlo todo, sino por su terquedad de caer aunque nadie la aplauda. Nos admiramos y nos reinventamos, como quien juega a ser equilibrista en medio de un terremoto.

Admirarte es a veces perder el nombre, cambiar el idioma, construir palabras que no existen porque las comunes no alcanzan. Nos admiramos con la torpeza feliz de quien tropieza con un milagro y, en vez de pedir perdón, se ríe.

Admirarse es un verbo que, conjugado entre nosotros, se vuelve un juego secreto, un conjuro de niños grandes que nunca dejaron de jugar a ser dioses de barro, pájaros de viento, arquitectos de una ternura indescifrable.

Y así seguimos: admirándonos, desarmándonos, reinventándonos, como si el tiempo fuera solo una excusa para seguir buscándonos donde todavía no existimos.
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