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El Eco Dorado del Verano Perdido

El verano llegó como un amante efímero,
vestido de lino y besos de sol.
Prometió eternidades en arenas calientes,
y nos pintó los días con oro y caricias de mar.

Sus risas eran cascadas de luz en el aire,
sus tardes, siestas bajo párpados de cielo azul.
Nos hizo creer que el tiempo se había detenido,
un reloj de arena donde los granos no caían.

Pero era un prestidigitador de instantes,
un ilusionista con trucos de calor.
Cada atardecer era un adiós disfrazado,
un suspiro de ámbar antes de la noche fría.

Ahora solo queda el eco dorado en la memoria,
la arena en los bolsillos que no se sacude.
El olor a sal y a piel quemada por el sol,
un perfume ausente en el aire que se enfría.

Las canciones que sonaban en sus labios,
se han vuelto susurros de viento en ventanas cerradas.
Los abrazos largos bajo la luna tibia,
imágenes fijas en el álbum del recuerdo.

Nos dejó la certeza de lo fugaz,
la lección grabada en la piel marchita.
Que incluso el esplendor más brillante,
tiene su sombra, su final inminente.


Rosa Maria Reeder
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Comentarios (1)

Rosa Reeder
Rosa Reeder ·
♥ 1
En resumen, la moraleja es que la belleza y la felicidad son efímeras, y aprender a aceptar su fugacidad es parte de la sabiduría de la vida. La melancolía es el sentimiento que acompaña a esta comprensión, pero también valida la importancia y el impacto que esos momentos tuvieron.
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