Hay una cascada soñando
con el cascabel de la serpiente,
un nudo de noches sin estrellas
donde el trigo, celoso,
ya no se esconde al verte.
Destellos que doman la ascensión
de sueños compartidos
en el universo que habita en tu mirada
bajo un cielo en tránsito
entre suspiros y sangre
que anda con su luz apurada.
Mórbidos espacios
donde las palabras
son eclipsadas por un sol,
donde sólo importa el ahora
en este umbral lleno de aguaceros.
En ese corazón de reposada espera
se alivia el cantar
de labios resguardados por hojas
donde pervive el marfil
en orilla de soplo permeable.
En ese pecho oficio mis versos
con temple breve y suspiros enredados
en raudales de ubres, donde la lujuria
se alterna con la luna joven
y se enredan las lenguas
en la raíz que depende de la humedad.
Me descalza como si fuese primavera
bajo una luz incipiente que deslumbra
los ojos de un manantial
que brota del vientre
donde dios abraza el desnudo
en los bordes con alas abiertas.