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Hartazgo

Me harté de los domingos,
de las novelas negras,
de las tardes de fútbol,
del tema del verano,
de las series de Netflix.
Me harté de las veredas
llenas de funcionarios grises y apurados,
del ruido insoportable de las avenidas cuando se va la tarde.
Me harté de las noticias
que vomitan las radios,
de las repeticiones del asunto del día
que es el mismo de siempre,
alguna distracción mal ensayada
que se comentará luego
en cientos de oficinas.
Me harté de los devotos
entusiastas del cielo
que quieren convencerme
de que luego de esto
comenzará la dicha.
Me cansé de los místicos
rechonchos de hamburguesas,
de las clases virtuales
para activar los chakras.
De los iluminados
ávidos de tutoriales
que todo lo comprenden
y para todo tienen la receta perfecta
para aliviar el alma.
Me harté de los discursos
de los economistas
de la meritocracia,
que nos hacen creer
que no hay nada de malo
en que unos pocos tipos
acumulen millones
pues ellos se esforzaron
y entonces lo merecen,
sin embargo los pobres
nacidos entre pobres
seguirán siendo pobres
por más trabajo que hagan
porque siempre algo falta.
Me harté de las aduanas
repletas de uniformes,
de que me abran el bolso
con aires de sospecha,
mientras por la otra puerta
la merca ingresa libre
sin revisión ni escáner
con sello diplomático.
Me cansé de los yankees
tapados de cañones
y de comida rápida,
inventando razones
para deshidratarnos
de todo lo que engullen,
me harté de sus lacayos
de este lado del mundo,
que firman los acuerdos
secretos,
que habilitan la estafa.
También estoy cansado
de que a cualquiera acusen
de ser antisemita
por pensar que es un crimen
brutal y despiadado
matar miles de niños palestinos en Gaza.

Me harté de este vacío
suspendido en el tiempo
que no cambia de página
y ronda por la casa
buscando en la basura
aquello que se ha ido.
Me harté de las empanadas,
recalentadas de antes de ayer
encima de la mesa,
de este olor a ceniza humedecida
y a whisky malo
que viene de la almohada.
De las manchas de humedad en la pared,
y hasta en el techo,
del piso sin barrer de la cocina,
de la persiana rota
cerrada hace semanas.
De que toquen la puerta
cuando quiero estar solo,
de que quieran decirme
aquello que no saben.

Ya todo pasará,
han dicho en el semáforo.

Mientras tanto aquí dentro
las horas se desangran
fuera de las botellas
hasta la madrugada...

Y de verme al espejo
que nunca se contenta
ni aunque me haya afeitado
y me lave la cara,
también estoy cansado.
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Comentarios (1)

Alde
Alde ·
♥ 0
Un descontento colectivo con diversas normas y problemas sociales, la superficialidad de la cultura popular y la desigualdad perpetuada por los sistemas económicos.

Saludos
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