Nadie regó los geranios.
Descolgamos de nuestras espaldas
el abrazo, despegamos
los besos que timbraban las cartas,
cerramos la boca,
nos tragamos las palabras.
Nadie cultivó el hibisco.
El espejo se asomó a la ventana,
el aire respiró tranquilo,
las muecas mudaron de cara
y al fin pudo dormir
en el suelo la única almohada.
Nadie podó el rosal.
También escapé de la casa,
de su tos, de su humedad,
por no perturbar sus fantasmas,
y para que la ausencia de mí
en el zaguán te esperara.
Nadie cuidó las flores
porque nunca tuvimos jardín.
11 de diciembre de 2009
Descolgamos de nuestras espaldas
el abrazo, despegamos
los besos que timbraban las cartas,
cerramos la boca,
nos tragamos las palabras.
Nadie cultivó el hibisco.
El espejo se asomó a la ventana,
el aire respiró tranquilo,
las muecas mudaron de cara
y al fin pudo dormir
en el suelo la única almohada.
Nadie podó el rosal.
También escapé de la casa,
de su tos, de su humedad,
por no perturbar sus fantasmas,
y para que la ausencia de mí
en el zaguán te esperara.
Nadie cuidó las flores
porque nunca tuvimos jardín.
11 de diciembre de 2009