Poema regalado por Pedro Acal
Tus pétalos abriendo aún estabas,
cuando yo, junto a ti pasaba,
te hice rosa blanca, encarnada,
de mi sangre derramada.
Fue tu olor y color,
me llamó la atención,
caballero de honor,
fui a llevarte a mi corazón.
Coronaste de espinas mis manos,
pagué honrosa condena,
dejaste tu huella, tus espinas,
recuerdo fue por Mayo.
¿ Por qué pagar tal precio?
¿ Acaso no te tengo aprecio?
Por ello no te desprecio,
veo justo tu lógico justiprecio.
Eres como la deseada amistad,
esa que hay que conquistar,
a base de verdad y generosidad,
eso que llamamos el verbo amar…