Mis manos se cierran en torno al cuello de mi enemigo.
El poder de mi diestra se hace patente en el agarre y celeridad con que se logró mover.
Mis ojos se inyectan de sangre en un santiamen.
La falta de oxigeno patenta en ojos saltados, mejillas rojas y fosas nasales dilatadas.
Aún no logro comprender... porque cuando dije "Ataca" a mi cuello brincó mi mano condenada.