Musa
Te reconozco entre los dedos, grillos
en concierto, cual rieles del tranvía.
En la terraza, ensombrerada, urbana,
de un café parisino, junto a ubres
secas, soles ya muertos que has bebido;
con el estiércol del silencio vano,
lamiéndome la enjuta sombra; lágrimas,
de una vereda seca, y sin motivo.
¿Me reconoces?, sangrante, en tus fauces,
las manos en tu espada celestial,
flanqueado por fantasmas ancestrales.
Soy la calle que guía a la techumbre
de un papel que amordaza en tus cadenas,
el eco de tu nombre acompasado
que busca -en las ojeras de la noche-
parirte en el pulmón de una poesía.
Raúl Castillo Soto
5 de julio de 2010