Remarca el pasado toda una historia,
en ese cajón que luce polvoso,
tirado en lo obscuro y por azar
en el callejón que conduce al sótano.
Se empecina siempre en estar presente.
Es prueba inminente latiendo con fuerza,
en el día a día, aquí en mi presente.
Llora el corazón que ha traicionado.
Viaja con el tiempo mi herida sangrante…
no cicatriza porque ha sido expuesta,
y cierra la puerta que se abrió quedita,
sin que ella pudiese dejar de llorar.
Mueren los susurros donde viaja el sueño,
llevándose todas las vanas ideas
que dormitaban queditas donde la cascada,
lloraba solita sobre la montaña.
Pasado que el viento ululan-te empuja hacia mí.
Los malos recuerdos ya se marchitaron,
junto a las espinas que botara el cactus,
cuando la azucena lloró en el portal.
Una rosa blanca me causa alegría.
Su nívea belleza sutil ha acabado con mi soledad…
Y valió la pena dejar de sufrir.
Dejé atrás mis dudas y mi padecer,
con el fango obscuro de toda esta historia
hoy me sabe a gloria el dolor y la hiel.