¡Oh ave viajera!.
Dominas completo el azul intenso de la inmensidad,
tu inmigración es golpe al azar…
Te vas hacia el sur dejando tu norte,
cuando el cielo ríe y las nubes lloran
al caudal que ruge cuando llega al mar;
y los delfines saltan ante tal destreza,
llevando consigo tan sutil belleza.
Cantan los árboles en la alta montaña,
sus ramas aplauden como el aleteo de un gorrión alegre;
y en el manantial de agua cristalina
se refleja tu alma blanca y transparente
cual piedra preciosa de agua marina.
Y las mariposas van revoloteando
junto a coloridos pájaros silvestres,
que esperan tu arribo en la noche de plata,
con la luna llena en tapiz de escarlata.
¡Oh ave viajera!.
La dueña y señora que aviva con cantos
los tristes lamentos del llanto doloso
que derraman las nubes sobre el suelo agreste.