Se escondió tu mirada en un cielo triste.
Tus ojos se inundan de agua cristalina,
ese volcán que en tu pecho se agita,
gime de cariño por las margaritas.
Se han enceguecido tus pupilas grises,
cuando el sol arde en tu árido desierto,
invadiendo tu alma de un frío pesar.
La luz del ónix que viste tus ojos se ha opacado.
La trémula angustia muda de silencio,
ha invadido tu ánima en sosiego.
Ahora divagas, arrasas con todo
ese mar de emociones que te abraza fuerte.
Con la hoja seca disgregada al aire,
en el silencio que circunda al valle,
despierta furioso tu cráter dormido.
Se funde su lava en las aguas del río…
junto a tu sonrisa se han evaporado
los muchos suspiros que dejó la lluvia
y que se han perdido en las rosas blancas.
La curiosa perla de tus ojos negros,
sigue brillando como marquesita,
porque has compensado la mustia alegría,
con las lágrimas rotas de tu absurda agonía.
Se escondió tu mirada en un cielo triste.
Tus ojos se inundan de agua cristalina,
ese volcán que en tu pecho se agita,
gime de cariño por las margaritas.
Se han enceguecido tus pupilas grises,
cuando el sol arde en tu árido desierto,
invadiendo tu alma de un frío pesar.
La luz del ónix que viste tus ojos se ha opacado.
La trémula angustia muda de silencio,
ha invadido tu ánima en sosiego.
Ahora divagas, arrasas con todo
ese mar de emociones que te abraza fuerte.
Con la hoja seca disgregada al aire,
en el silencio que circunda al valle,
despierta furioso tu cráter dormido.
Se funde su lava en las aguas del río…
junto a tu sonrisa se han evaporado
los muchos suspiros que dejó la lluvia
y que se han perdido en las rosas blancas.
La curiosa perla de tus ojos negros,
sigue brillando como marquesita,
porque has compensado la mustia alegría,
con las lágrimas rotas de tu absurda agonía.