Se llenan mis mañanas con la luz de tu mirar,
brillando como nunca a la magia del amar;
tu imagen clandestina invade mi pensar,
obligándome así de mi sueño a despertar.
Escribo entre líneas prosa, verso y poesía,
con la pluma de un ánsar en tinta roja embebida;
las penas desaparecen en el coral de mi sangre,
que rápido circula por la gema de mis venas.
Mi alma vuela cautelosa con el viento a su favor,
en las nubes blancas perlas, donde anida tanto amor;
de repente por el cielo se oye un fuerte palmotear,
son cien gansos que en su vuelo sueltan plumas de colores
que se funden en el mar.
Se vacían las mañanas en el triste atardecer,
no hay diamantes en el manto del obscuro anochecer;
la pluma del ánsar vaga entre las rosas del vergel,
y en las blancas azucenas el almíbar de su piel,
va envolviendo entre sus pétalos los deseos en papel,
haciendo un cautiverio los abrazos al querer.
Cual hoja seca de otoño que perdió su rumbo fijo,
agobiada del cansancio por el camino a transitar,
el destino le arrastra al sendero tormentoso donde ha de caminar…
Y la veo por el aire elevarse más y más,
escondida tras su sombra que se mueve cautelosa
al ritmo de palmeras incitando a regresar.
Tal fragilidad confunde al horizonte.
Pluma de ánsar te has movido entre mis manos
para hacer versos y prosas a su embrujado mirar,
porque siento que aun le amo, más que el cielo al ancho mar.