(I)
El agua apacible se ha ondulado al ritmo del viento,
sus olas se han alzado hacia el firmamento;
tu alma frustrada se ha visto sanada,
con la blanca espuma de la mar salada.
(II)
Mi cansado espíritu ha buscado asilo,
en un corazón cansado y herido,
es que en su interior todo está perdido,
junto a este amor que ha desfallecido.
(III)
Dale un chance tú, Señor de las Huestes,
llévale a pasear al jardín silvestre,
con olor a orquídeas y a azucenas blancas,
para que él olvide toditas sus penas.
(IV)
Suenan las campanas dentro del palacio,
la reina tirita, temblando de frío,
es que está vacía, sola y sin abrigo,
total candidez la ahogó en el río.
(V)
Ella es una balsa que ha navegado en aguas tranquilas,
auxilio de un náufrago que va a la deriva,
sin voz en su boca, cansada y tranquila.
(VI)
Y sus sentimientos gimen en silencio,
no existe una luz al final del túnel;
tanta obscuridad con el sufrimiento,
le ha entorpecido ese amor inmenso.
(VII)
En el precipicio de un alma cansada…canta una cigarra…
Su labor pendiente dejó en el mañana,
junto a la belleza oculta del mundo
que se lleva el búho, triste y taciturno.