Cuál rápida daga te abres camino a lo largo del cielo;
eres sobria belleza en la noche obscura y gema pura en el universo.
Tú… la nebulosa que envuelve un eclipse adormeciendo al sol.
¿Cometa?...!Sí!. Eso eres…un cometa.
Meteoro encantando al rayo desnudo
y al cacho de luna que desaparece dentro de la niebla,
en la espesura que domina al bosque,
en la latitud donde suenan los huesos de la agreste montaña.
Traes el mensaje de un día que esconde,
el alto linaje que adorna al misterio,
al eólico deseo de dulce epifanía,
que fiel desaparece en verso y poesía.
Eres para mí el cometa que fugaz se lleva
mis suspiros, mi risa y mi paz;
el llanto que enloquece a las aguas que caen
sobre el despeñadero que lleva a la cascada.
¿Cometa?...!Sí!. Eso eres…un cometa.
El desagravio triste de un arpa que llora,
donde se han apagado los rayos de mi aurora.
Sin embargo, este llanto empedernido,
inunda con deseos a mi océano dormido;
es que aun te amo, oh dulce amor prohibido,
como una gota de lluvia que al caer se anida,
entre los suaves pétalos de la roja orquídea.