Sonando incesante en la madrugada,
un cuerno anuncia una nueva jornada;
sudor y cansancio de alguien que labraba,
cuando araba la tierra que le alimentaba.
Fortuna escondida en umbría amargura,
se estremece en tinieblas la ninfa felina;
de afán prodigioso en deleite el aliento,
descifra al crepúsculo todo aquel secreto.
Ánforas desnudas cantan a la noche,
en que resucita un chachito de luna,
en el que se arrulla llorando el murmullo
de las estrellas que alumbran la hueste.
Suena de nuevo el cuerno impaciente,
anunciando el fin de la larga jornada;
prolijo reencuentro que ha arrebatado
la fuerza absoluta de quien ha labrado
el trozo de tierra que le ha alimentado,
enterrando en ella todo lo increíble, todo lo frustrado.
El cansancio agobia su eterna energía.
El sol encendido enajena al aire.
Con indignación estremece y calla…veta su memoria.
Así como el prisma se mece brillante,
sobre un columpio que se ondula al viento,
nace la costumbre en constante constancia,
cuando han florecido azahares rojos.
Y un gallo anuncia a todo pulmón que ha nacido el día,
junto con el cuerno que suena constante,
en cada jornada que empieza el obrero,
y por cada tarea que acaba en el campo
tímidamente el fiel jornalero.
El aire, el agua, el sol y la tierra todo es un regalo para nosotros, lástima que tenga que sonar el cuerno, porque conque sonara el gallo ya estaría bueno, sin amos ni dueños...
Katia un placer acompañarte. Mi paz sea contigo...
Vidal