Ha de recorrer en el limbo mi alma,
el camino de penas transitando en mis culpas;
se enajenará mi calma en tu cielo inmenso,
las estrellas y el tiempo serán glamur en la conciencia
que viaja así perdida creyendo en su inocencia.
La fresca brisa de otoño se desplaza en el verano,
en la rosa la espina, enclave de dolor;
es juego de la culpa el castigo que resuena
en el “”ding-dong”” de una campana
dejando escapar su pena.
Quisiese algún día poderme enamorar,
viajando a las estrellas encontrando la verdad;
es remedio infalible tanta serenidad,
las blancas azucenas, el agua del manantial,
ahogando a la angustia que vive sollozando de culpabilidad.
Se ha encargado el tiempo de marcar su revés.
Sé que no le tendré aunque le busque otra vez,
castigo que cala hondo en cada ápice de mi ser.
Mis culpas no son culpas,
son castigo que no expié…
Amor, beso y ternura…de él me enamoré.