Grita, gime y llora la naturaleza,
por la agresión incesante que la victimiza
y la encadena al capricho del hombre.
En su defensa, la tierra se agrieta,
el mar agitado ruge embravecido,
e inunda la tierra, sin ser compasivo…
tsunamis arrasan con todo lo vivo;
las verdes montañas se cubren de nieve,
y, en una avalancha,
los lobos dormidos pierden el sentido.
Despiertan volcanes de largo letargo,
en fuerte rugido lanzan lava ardiente;
ríos caudalosos bajan de nivel,
su agua cristalina yace evaporada,
junto a los despales destruyendo bosques;
la tierra ya seca, sin agua…se agrieta
y el viento desplaza con fuerza y con furia,
el cruento desastre de obscuro preludio.
Poco a poco el sol derrite los polos.
Se va dilatando la capa de ozono;
los cometas viajan en la noche obscura,
las estrellas se fugan en el firmamento;
la luna llena se encuentra solita
y viaja pasmada hacia el hoyo negro
donde está escondido el secreto infame
que ayuda al planeta a desaparecer
pasando a ser sólo un punto más
en el infinito de ese universo
quizás peregrino y aun cesanteado.
El astro rey filtra sus rayos ardientes,
y amenaza con furia a los helados polos;
mi poesía grabo en islotes de hielo,
donde por momentos sé que dormirán
mis absurdos problemas…
Y al final la noche se embruja,
las nubes inmensas se van disipando,
en asfixia burda o en profunda pena.