Mujer de dos caras te representabas
ante otros dentro de la comunidad
en la cual te hallabas sumergida viva.
Una. Actuando con una actitud lasciva
moviendo la cadera a sabiendas
de observaciones adictas
por la Sociedad.
¡Deidad!
Dos; el abroncar.
Seduciendo, toda artista;
cuando la presa caía: afrentas
manoseando hasta el más calmo. Una adicta.
Así era tú; te encontrabas cual omisa
en un mundo donde cabría ultrajar,
que cabalmente incluías y representabas.