Te cambio el dolor por una sonrisa,
con el dulce aroma de la flor de pino,
y un rayo de sol sonriendo a la aurora,
con todo el amor que el alma atesora.
Los besos y abrazos que me das ahora,
quisiese que fuesen para siempre eternos,
como son las nubes en el cielo inmenso,
cálida esperanza llena de ilusiones.
Palabras muy suaves musita tu boca,
dándome aliento en un soplo divino,
siento que me quedan sólo siete días,
te cambio el dolor por una sonrisa.
Esos ojos negros, tristes y sombríos,
acongojados de melancolía,
van dejando ver las lágrimas en tus pupilas,
prestas a resbalar sobre tus mejillas,
como el dulce sudor de la lluvia dormida,
en el luto que embriaga todos los sentidos.
Escucho en la noche como canta el búho,
en monotonía se acrecienta el miedo
…y se mitiga el tiempo.
Estos siete días me he quedado sola,
para hacerte un verso en dulce poesía.
Dolor revestido de angustia inclemente,
de incesante lloro se agobian mis ojos,
se inunda mi espíritu con esta tristeza,
guardada suntuosa en la candidez de la casta azucena.
Y juntos los pájaros van cantando en coro,
se encuentran felices de verte feliz;
han pasado lento estos siete días
y valió la pena no verte sufrir.
Te cambié el dolor por una sonrisa llena de esperanza;
se consumen mis horas en tejerte versos
de felicidad en rosas inmersa.
¡Inmisericorde dolor doloso!.
Eres mi pasado en cuento e historia,
soledad inmensa que abraza mis penas,
justo en la blancura de las azucenas.