Centinela permanente del árbol escondido,
en donde las palmeras son vestigio de las sombras,
oh amor traicionero, salado como el mar;
la herida y el desdén se cicatrizan con el tiempo,
no hay penas albergadas en aires de dolor.
Esa imagen divina entre las nubes vuela.
Es mota de algodón en donde dulcemente
se ha reflejado el sol…
Solita divaga a la orilla del lago
deja la marca de sus huellas sobre la arena mojada
donde suele pasear.
El rocío de las olas le salpica la cara,
mientras en su jardín lloran las amapolas,
recuerda en sus canciones las tonadas de un olvido,
y suspiran las rosas por el tiempo no vivido.
La vida complacida en su mutismo intelectual
averigua en el tarot su destino voraz,
y con el amanecer lluvioso una estrella fugaz,
descubre en su tristeza la verdad y el desacierto.
Hubo crueldad en cada palabra dicha,
se quedó sin aliento… su mundo desfallecía
su espíritu moría mordiendo el corazón,
del desánimo oculto en las fotos y recuerdos.
Cruenta telenovela le ha tocado vivir,
el aire que aspiraba era veneno sutil,
todo a su alrededor no era blanco, si no gris…
¿dónde quedó aquel amor que sintió una vez así?.
No precisó los momentos para hacer conjeturas.
El destino implacable le cobró cada culpa;
la parte confesa le apuntó con crueldad,
se esfumaron los valores, la moral, la dignidad.
En sublime letargo perdió el deseo de vivir,
se sumergió en un abismo…su alma creyó partir,
más no era su momento y tuvo que aguardar,
en la lista de espera su turno de pasar.
De proverbios aplicados había sido aconsejada,
le ruega a Dios le ayude a cruzar aquel camino
que sólo se ha atrevido de lejos a transitar,
donde cada desagravio por infidelidad
le sea bien pagado con amor y lealtad.
Entonces sí sabrá dónde quedó el amor
que no supo valorar.