Lloviznando luz por los matorrales,
se oculta el sol. El día obscurece;
se despide la brisa… la malvarrosa llora,
cuando el cielo muestra un extraño esplendor.
Todo ese glamur se olvida con los años…
el jardín del Edén lo ha demostrado ufano.
Los montes verdosos han cubierto la ladera,
los pájaros atentos cantan a la primavera.
El quieto manantial va fluyendo quedito,
cuando un brazo de río se funde con el mar.
Las gotas de rocío que lucían las flores,
es el cálido beso que yace fenecido;
volando las avispas al mundo del olvido
donde se ocultó mi amor por lo que había sufrido.
¡Recóndito sueño de una musa abrumada!.
El viento de otoño recorre la posada;
los fraternos abrazos entre las hojas perdidas,
se han escondido como ermitaños.
Se dispersó el polen de este amor ingrato,
como néctar de azucena que se ha disipado,
como eclipse de luna en un cielo estrellado,
por donde se besan los enamorados.
He tratado de tocar con mi boca los labios de una rosa,
los rayos de la aurora y tu mirada airosa,
las olas de los mares sin fin y sin historia,
las tantas plumas de oro volando en tu memoria.
Tu eclipsado sol convenció a mi luna,
de alumbrar la cima de tu gran montaña,
y escuchar el eco de un corazón que late,
entre hojas verdes y marchitas,
entre flores tristes y azuladas.