Me ahogo gustosa en tus tormentosos besos,
en la magia que me encanta con delirio, con querer;
en los nostálgicos abrazos donde lloro cautelosa
el embrujo que me empuja a dormitar en el placer.
En el cielo inmenso donde el jerarca es tu sol,
el horizonte anónimo se alza sigiloso;
palidece la bahía en la penumbra de este amor,
que se ahoga y se marchita cuando sonríe en el llano
mi serpenteante dolor.
Aun tengo encendida dentro de mi corazón,
la luz que resalta de tu faro de cristal,
la claridad que deja la luna en su vago transitar,
las olas reventando y estrellándose en las rocas,
en el sendero de los pinos y el arrecife de coral.
Y el viento sopla con aroma que enamora,
a las negras mariposas que se han deslizado
con el hechizo de amar…
He encontrado en las rosas el néctar almacenado
en el aljibe de tu piel,
algarabía y bullicio de una pasión
que con lágrimas rosadas, arrulladas de placer,
entre suspiros y gemidos
harán que de nuevo desfallezca otra vez.