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MiguelEsteban — Blog

MiguelEsteban
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Al través del ramaje el sol poniente
veíase brillar, tal como brilla
de una española la mirada ardiente
tras el bordado tul de la mantilla.
Tendime sobre el césped, y liada 5
mi manta coloqué sobre una piedra
convirtiéndola en rústica almohada
al pie de un tronco preso entre la hiedra.
Y allí miré, del cielo en los profundos
espacios encenderse las estrellas 10
que desde que me han dicho que son mundos
como este mundo, ya no encuentro bellas.
Del cáliz de una flor que se entreabría
como si bostezando despertara,
vi de pronto, asombrado, que salía
un ser de forma peregrina y rara.
Ceñía por corona una sortija,
y un alfiler servíale de espada,
y su boca en un cuerno estaba fija
que era un fragmento de una sonrosada.
Al sonido que el cuerno produjera
sobre sus labios diminutos rojos
se conmovió Naturaleza entera
y un nuevo aspecto revistió a mis ojos.
Y vi a un clavel borracho de rocío; 25
las flores a mirarlo se inclinaban
y al verlo en tan extraño desvarío
entre sí y al oído murmuraban.
Un ruiseñor estaba entretenido
cogiendo una luciérnaga, y a guisa 30
de farol la llevaba hacia su nido
para dar a sus hijos miedo y risa.
Un lagarto, arrastrándose suave,
iba jadeante y loco por el suelo
persiguiendo la sombra de una ave
que volaba tranquila por el cielo.
. . . . . . . . . . . . . .
Con terror junto a mí vi reposaba
un cráneo, entre otros lúgubres despojos,
que con fijeza extraña me miraba
por los huecos sombríos de los ojos.
Y una voz que del cráneo a mí venía,
helándome la sangre de las venas,
oí, muerto de espanto, que decía
con un sonido perceptible apenas:
«Nadie, nadie al morir se muere todo,
»aún persiste en el muerto la conciencia,
»de su ser, sin que pueda de algún modo
»revelar a los otros su existencia.

»Hija sólo del cerebro, nuestra alma
»vive mientras un átomo subsiste 50
»de su cuna, y en vano busca calma
»que ni el no ser es cierto para el triste.
»Y sufre sin que a nadie decir pueda
»su íntimo, su profundo sufrimiento,
»y ni el consuelo de esperar le queda
»en la muerte total del pensamiento.
»Do sus átomos van, allí les sigue,
»y es un tormento su existir eterno,
»que, por su inmenso horror, vencer consigue
»a todos los tormentos del infierno».
. . . . . . . . . . . . . .
Tiñose Oriente del color de rosa,
encendida, fragante y hechicera,
que tienen las mejillas de la esposa
al tálamo al saltar por vez primera.



Fuente: biblioteca Cervantes
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Fragor, clase de fantasma



Cuervo guerrero de los tres umbrales.
Morí en mitad de un verso
sin acabarlo,
desnací etéreo,
abrí vorágines perplejas
de pureza repleta,
hoy abro eternidad
y todo lo que ésta llama.
Responden azares roídos
como grillos
extendidos, de sonido carcomido,
tras catorce años
de énfasis en venas
de mi desempeño
y funesto azar,
soy libre,
para deshacer este tiempo
y hacer hijos al gemido
dejando un eco
de sopor inmundo
de surcar infierno
y traer mi laurel encendido
por cuántas égidas
me entonaron invencible,
siempre seré castreño
digno a suerte incendiar,
desvelo el secreto de mi arduo oficio,
poesía
consecución de imágenes
de principio a final.
Poesía; soporífera luz en mi sangre,
titán que resistiré vivo
o muerto debo de quedar.
Destino haz con halo inmundo
puerta al reino
de dioses
sin acabar,
Parnaso flamígero en lumbre desnuda
al dictado de arpas, violas, violines,
clarines, organillos, ninfas, Sátiros,
hadas, quimeras, dragones brujos de naturaleza
desvencijada,
duende, elementales de toda orden,
nereidas, súcubos,
quimeristas de primera,
avanzo mi propia espuela,
centauros,
milesianos,
Dagda, Balar, Morrighan,
Lugh,
quodi pragma,
alzado hoy
pureza rauda,
resumo venzo coarto
con mi flor de Hércules en mano,
este mundo,
que desvela todo sentido difunto,
los dos mundos
el mundo vivo y el mundo muerto,
habitan ambos el mismo terreno,
mundo de leyenda,
este mundo,
empezamos a juntarnos
antes que nacierais
eternidad
sólo un eje
surcar de la perfección
el umbral,
senderos en un viaje
por el destino sellado.
Mi clase
mi clase es de fantasma,
los dos mundos
el mundo vivo
y el mundo muerto
están comenzando
a no existir en el mismo espacio,
plasmar correcto
ley.
Rajar la existencia
del sol mayor,
surcar sus venas
y arrebatarle el corazón,
buscadores de certezas
tres hilanderas
nueve sentidos
tres dimensiones
vive mi hoja
yo no decido
mi hoja decide quede completa,
los colores, el gris,
el fuego, mi cigarrillo,
los susurros,
el ruido,
la luz,
la sombra,
la oscuridad bendita,
lo oscuro, la noche,
lo perpetuo
el sonido del verbo,
habla mi azabache,
mi escudo,
el sistema,
las murallas,
las fortalezas
el amor a la poesía
es más que tu insulsa vivencia.
Brillo, destello,
pulcritud de estela,
destierro de vuestra miseria,
lo visto,
lo nacido
lo vivo-muerto
retemblaré
que mi sino dicto,
silencio el final alumbrado
es sólo sangre en mis ojos.


El Castellano a 06-08-2018,
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http://hoyteviayermedoliste.blogspot.com/2018/08/biografia.html



Sábana espectral




Bruma desciende su lengua
con caballos famélicos
que el suelo y cielo blanquean,
murmullos congelados
a gritos pálidos entre espumas florece
un aliento extraviado,
carne de agua, profundidad
de soto y acordeón de viento;
de olmo secuaz desmochado,
viva su entraña,
aguarda el mes tercero
que abra en lluvias
el idioma oculto que gritan sus raíces.
Es un camino al paraninfo,
bordeado por pilares cipreses
que bruma y su nieve
cubre el pulmón del aire,
sábana espectral que afila
los dientes de frío.



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Eterna lanza sesgada




Cóncavo cielo
de la pradera de tu ceño,
orfandad de estrellas
convexas que se besan
por rubes que rutilan, y lamen
sombras vanas a morir.
Soto de perdidones
y su proporción de alas de tierras,
cepas en guadaña,
aligustres sargentos,
la noche que la luz negó
a morir,
luna de luto
corría linde absuelto,
despojada su compostura
de alumbrar la llama
que mi pecho hiende,
luna gitana acuartelada
partida por cuchillos verdes
de siglos dormidos
y cipreses iguales,
somos la historia
que escriben muertos
de sus vidas,
engendrados cuerpos incompletos,
carnes de la mesa del creador,
somos lo que vemos
o somos lo que tenemos,
para inefable cena caduca
como otoño reposo del gris árbol,
aventaré mi lustre perdido
demigajando lamentos fríos,
mi yerto sombrero
de campos de idea
brillarán acequias
como molinos de tierra,
el agua será besos de luz efímera,
destartalada, dispersa
como lluvia que ilumina,
y la sangre de tierra camina.




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Dark silence





Mi oscuro silencio si te tocara
sombras mirando la luna abierta
descendencia clamando por luz
soledades caminadas en ojo de tormenta
caricias derretidas en la noche tenue
mirando la luz la muerte está
en el risco de la supremacia
clamada y bebiendo su sed
cuervo buscando silencio estático yerto
negra la mañana, brillante la noche
abrigada madre oscuridad que todo teje y mece
sólo manténme lejos de sus ojos
vida fuera de absorbente mentira
fiebre del corazón luz líquida en las venas
mirando nervios que se comen por dentro
como el humo de mi cigarro
fallé al mirar y aquella danza de astros
venía despertando a la caricia del cielo
siete reinos ardiendo su nombre
siete venas en tus ojos
es el ruido, mis ancestros
caminando la sangre en tus ojos
nos sufrimos en la morada
que desliza verdades
amarnos lamentando
ruinas del quieto alambre
que nos sostenía en emoción oscilante
he renacido,
renacido en lo salvaje
lejos de ser tu príncipe sano
soy la noche que te hace el amor
con todas sus criaturas sedientas.
Pulchra vere dilecti


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Barbecho arado, Selección de poemas, una década escrita, 177 páginas tamaño cuartilla a5, encuadernación Chanel tapa dura, prensado, índice con poemas numerados, 150 poemas, 9/07/2018.

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Vieja escuela sembrada









Cierra los ojos
es nuestra creencia,
por la que no hay
rosa sin espina,
línea de destino,
déjame sembrar luz
en la retina,
que caiga mi gota
quebrada,
viviendo tus memorias
lejos de la letanía
enroscada,
crepitan los labios grises
entre crujidos por despertar
leones del nuevo día,
Noche, noche
tus minutos erizados vencen
pasan las horas
y las horas
la misma pesadilla tejida,
en vilo en vela
de navegante sin mar
sin barco, sin puerto,
viviré una vez más
esta soledad del párpado
despierto,
muy alto, muy hondo,
todo se retuerce en sol mayor,
hasta la cima
me verán cabalgar,
resume este papel
un furor oxidado,
soy yo, soy yo su raíz
que ni yo mismo entiendo
dichos soterrados en alma difusa
en corazones sedientos
su fría caricia entre espadas
ni yo hago empeño solariego
ay la tierra perdida de tu raíz
quien osado sólo la viera
de viva materia rompiéndome
sucumbiendo sobre los filos hirientes
hondas espumas
riéndo en camino vivo,
en un sentido
con bordes de rosas y cebollinos
y senda de espinos fugaces al alba,
brotando imperecederos
que enriquecen los pliegues sembrados
de esta mi sonrisa
de esta voz en calma y en tormenta
de desnudos sigilos
que te nombra y nombra
si no estás lo hace sin cuenta
Poeta
Haces la ruta sin pena ni sangre
que no sea portada en tus venas
de solana hacia el sol
en un ovillo giras en tornasol
allí donde sus esposas
amarillean y tu sien gotean
en canto al amor
alzado en rayo de Thor
será un caracol
cuando nos vamos
solos sin nosotros
con o sin Dios
nació un vespertino albor
ocultando el dolor
secando lo que plañía
la sin razón
Se duda entre las cosas
por la vaciedad de las cosas vacuas,
vanas de fatuos alambres en fanal
hoguera del hambre
de oblícuas espinas
y los nuevos castillos
que sin su castellano chozas son
destruimos
si nos miramos
vencer o vencer otra vez
Oh raíz
ay de tu tierra que te vio nacer
qué guardas
en tus bases en las grietas
que te clavan que estiran
tus lágrimas del ayer
que no nos dejas ir
por caminos distintos
a los limpios valles de oscuridad
reposo y sosiego que clava el camino
¿Será cómo es
por siglos
de siglos?

De este tiempo oxidado
que latirá el son
con forma de tu siniestro corazón.


El Castellano
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Tus acres por pechera




Lontananza, de luz en vida
sed de alma torna
abre sus crispados, suaves labios
en tersura de espada.

Salvaje árbol velaba sus frutos
con ordenanza del mañana.
Acostado en su dicha,
el fantasma del Bien sembrado
aguardaba.

Asilo en mi pecho,
donde combate mi mujer no besada,
nublados los rayos de Sol,
canta el llanto de la lluvia
y ciega atronadora su beldad.

Afilaba una adelfa
sonata de luna recta,
voz extinguida
que abre mi férreo ciprés.

De voz y filo militar
fallecidos.

Murmuran frente y rejas
el vestido de mi castellana
que baila con batiente viento
innoble mi ojo de tierra
porque perece,
yo nunca más.

Derredor en silencio cansado
acuso los hierros de tu franca
para escalarlos
y tu anhelante sombra
poseer
y así a silencio cállame.

Abre esta cal procelosa
donde yago,
sin tu manto.

Con más de mil palabras
encanto repletas,
dulzura en claro frío,
bien nuestro,
aura satisfecha tuya
correrá mis venas.



El Castellano
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Delirium. Joaquín María Bartrina
siglo XIX

Al través del ramaje el sol poniente
veíase brillar, tal como brilla
de una española la mirada ardiente
tras el bordado tul de la mantilla.
Tendime sobre el césped, y liada 5
mi manta coloqué sobre una piedra
convirtiéndola en rústica almohada
al pie de un tronco preso entre la hiedra.
Y allí miré, del cielo en los profundos
espacios encenderse las estrellas 10
que desde que me han dicho que son mundos
como este mundo, ya no encuentro bellas.
Del cáliz de una flor que se entreabría
como si bostezando despertara,
vi de pronto, asombrado, que salía 15
un ser de forma peregrina y rara.
Ceñía por corona una sortija,
y un alfiler servíale de espada,
y su boca en un cuerno estaba fija
que era un fragmento de una sonrosada. 20
-122-
Al sonido que el cuerno produjera
sobre sus labios diminutos rojos
se conmovió Naturaleza entera
y un nuevo aspecto revistió a mis ojos.
Y vi a un clavel borracho de rocío; 25
las flores a mirarlo se inclinaban
y al verlo en tan extraño desvarío
entre sí y al oído murmuraban.
Un ruiseñor estaba entretenido
cogiendo una luciérnaga, y a guisa 30
de farol la llevaba hacia su nido
para dar a sus hijos miedo y risa.
Un lagarto, arrastrándose suave,
iba jadeante y loco por el suelo
persiguiendo la sombra de una ave 35
que volaba tranquila por el cielo.
. . . . . . . . . . . . . .
Con terror junto a mí vi reposaba
un cráneo, entre otros lúgubres despojos,
que con fijeza extraña me miraba
por los huecos sombríos de los ojos. 40
Y una voz que del cráneo a mí venía,
helándome la sangre de las venas,
oí, muerto de espanto, que decía
con un sonido perceptible apenas:
«Nadie, nadie al morir se muere todo, 45
»aún persiste en el muerto la conciencia,
»de su ser, sin que pueda de algún modo
»revelar a los otros su existencia.
-123-
»Hija sólo del cerebro, nuestra alma
»vive mientras un átomo subsiste 50
»de su cuna, y en vano busca calma
»que ni el no ser es cierto para el triste.
»Y sufre sin que a nadie decir pueda
»su íntimo, su profundo sufrimiento,
»y ni el consuelo de esperar le queda 55
»en la muerte total del pensamiento.
»Do sus átomos van, allí les sigue,
»y es un tormento su existir eterno,
»que, por su inmenso horror, vencer consigue
»a todos los tormentos del infierno». 60
. . . . . . . . . . . . . .
Tiñose Oriente del color de rosa,
encendida, fragante y hechicera,
que tienen las mejillas de la esposa
al tálamo al saltar por vez primera.



Fuente: Biblioteca Cervantes
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La última cuerda Joaquín María Bartrina (1850 -Reus-1880)



La última cuerda:

Cuatro cuerdas rompí de mi lira,
hiriéndola lleno
del afán de volar y alejarme
del mundo y su cieno,
cual el ave que quiere ser libre,
lanzando mil quejas,
hiere, ciega de cólera, el áureo
metal de sus rejas.
Amo y sufro; la cuerda que sólo
le resta a mi lira
de mi bien al oído no llega
por más que suspira.
A su arco ha de atarla Cupido,
la cuerda ya arranco...,
mas tal vez al tenderla se rompa
sin dar en el blanco.
Si al extremo sutil de una caña
a atarla me atrevo
y mis sueños de amor y de gloria
coloco por cebo,
y a pescar voy la suerte en el mundo...
es fácil la pierda;
que es posible que un monstruo arrebate
el cebo y la cuerda.
¡Ah!, ya sé... Si no alcanzo fortuna,
ni es mía la bella,
a mi cuello la cuerda yo anudo
y me ahorco con ella.
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Oscuro haz, luz sembrada





Larga sombra me abarca,
larga sombra me abraza,
larga sombra que me envuelve
yo quisiera meterla en un mundo más bello,
yo quisiera librarla de hielos que aguardan,
quisiera retornar a un mundo que era negro
sumergirme más profundo que los mares
y encontrar mis verdades,
yo quisiera fundirme fraguas de hierro
ser justicia izada de ser en luz intensa
pero ya no siento nada,
asolada mi estirpe con nombre agujereado,
yo camino descalzo sin miedo ni quietud,
sin estos clavos que me impusieron
camino lejos, lejos sin mi nombre
por si despierta mi azada
con la que sepultar al Miguel Esteban
que no nació todavía,
por si una dicha me aguarda,
no osarán en buscar portentos
a esta larga sombra que avanza,
no cambio sus males
solo servirla flores silvestres
así enamorada torne princesa de profundidades
hada dueña de la sombra,
hada fiel de embeleso en umbrales
por tragar esta mi tierra
que me avanza la despedida,
cuántos pájaros volaron
para ser único pájaro enfundado en trino,
rajado, ultrajado,
cuantas notas se escucharon
hasta ser estrofa de agua
por todos los que estuvieron,
al acecho yerto de esta sombra mía,
que no posee medida,
solo una senda deshaciendo lo trazado,
al firme astro alzo mi perplejo
por toda oscuridad que fusiló mi partida,
me apodero de este jardín
de mi sangre sembrado,
para latir en espejo asomado,
y que viva siempre siempre
esta sombra fría, vacía, llena en soledades,
completa sin tapiales, hueca de mi carne,
despeñada en vivencias soterradas,
que yo alzaré para sembrar en ella
esta vida que yo le debo a ella,
para que viva siempre mi luz
tejida con ella,
hasta erizarla
y que me responda
cuando nombre a la belleza.
Que sin ella queda sin aliento.





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Niebla de flor profanada:
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Voy serpeando la tierra,
mis pasos que jamás yerran,
jamás altivos cercenan,
una estaca en mi corazón
que conseguí separarla un día,
un hondo surco labrado
de sangre desvalida
me azogó profusa y hondamente,
pero ya no te siento dolor,
quizás tu vago recuerdo profano,
para llegar,
para deshacer tu sendero,
de áspero color
y sus azafranes amarillos
de la tarde,
ya no caigo
por tus amplios lindes
de niebla y cuchillo,
aquí en mi alma
se yergue el umbral,
la sombra me abandona
para besar,
espíritu de agua dime
si el devenir de mi vida sostienes,
por qué angosto lo atrincheras
en diáfano cuarto umbrío,
yo que horizontal vago,
por encontrar un día
el vertical disparo
de mi enhiesto ciprés
con verdes refranes de hojas
con acrisolados
cristales de savia
a su altura quiero yo blanderme ,
velando a mis muertos abrojos,
devorando la calma de sotos,
ansiando la voz que me habla
la voz que yerta me domina,
preparé un lecho de cardos
para llegado el día
escribir un epitafio
que ponga, que diga
heme yo brotado de la espina
aquí yace, aquí reposa
todo el amor que sentí un día,
y esta estaca
conseguí arrancármela
en su día.

El Castellano
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Ahora que el día se ha ido,
ahora que navego letras
absorto a la espera
de una nueva palabra
capaz de crear revolución
capaz de hundirse y resurgir.
De flotar y deshacerse
en mundanal ruido de sueño,
temblando su frío sentido,
un recipiente y un vaso de muerte,
una visión y una explosión
de todo lo que prevalece,
de todo lo que incapaz perece,
un maullido de tejado,
un siniestro azar de suerte,
esperé y esperé y todo lo negué
como este verano frío y helado
que todo lo inexistente surqué,
que mi destino se doblaba en mi sien,
era un día en solar negro,
era como un tenebrio que camina,
como una poza sin aljibe,
como una hora cronometrada sin reloj,
era una súplica teñida de sed,
un grillo y un aguacero despierto de sol,
una montaña sin hielo,
un glaciar sin temperatura,
un brazo sin alcanzar,
una tormenta sin sonar,
era la vida una caricia en mano helada
sin sangre sin nombre,
mutable horizonte sin linde
un pájaro de cemento que aturde,
una noche callejera
y olvidada en la tela de araña,
era tu surco algo más
era vena era rabia desplomada
en el barrio de la quimera despierta,
quizás hoy quizás mañana
jamás prenderás mi alzada palabra
en otra alma en otro nombre
porque esta es mi lumbre,
esta es mi estaca.

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Lado de otro sitio




Un aguilón de arpa
que se duerme sobre la jofaina,
sin las usuales conversaciones
que lanzaba el alba,
aguzo mi repentina fogata,
un calor que sujetaba
mi primavera,
se abría la rosa
que había tardado un año
en despertar,
sobre un lecho terruno
crispaban ya las solas amapolas,
saludando un mayo carrizo
que ya entraba
por la avenida
que acicala la vida,
una luz sin día
descansado sobre la música,
acecha mi ausencia revertida
abriendo vaporosa
esta mi sangre,
llamando a mi voz muerta
que ya no encara su brea,
armonía que inspira grises neblinas,
acumulando estos pastos jóvenes
de su alarido de cópula.


II
Jamás oíste el postrar
de mis azures sarnosos,
abriendo sin palpar
los cardos hermosos.

Un soñar que la primavera
era carne
de mi doncel espera,
quizás solo canto
como canta el azul
despidiendo, encontrando
que el cielo es y será
por los siglos azul,

"Aquel día, fuimos como una sola
de sus parejas atormentadas , sin habla
hasta que habló por ellos,
cazadores de silencios al mediodía
era un profundo carril que era sexual
con helechos y mariposas, "
Seamus Heaney Campo abierto. Irlanda del Norte

era mi cadillo despierto
orando un sol oscurecido,
sin acre de invierno,
deslizaba ginebra
desenroscando azares furtivos,
Sin quieta, amarga doctrina de arbusto,
lloraba que era endrino
al cabalgar de savia,
fiable destrenzo mi cadena funesta
apunto mi ballesta
a disparo puro, liso y duro
que el alma atraviesa.

III

Resoplaba nuestro silbido estacional,
una melodía sin garrote,
que acongojaba el corazón,
nuestro brillante patio
erizado por lenguas de irisadas luces
enraízadas,
en su timidez perseveraba
como perseveran las rocas por deshacer,
quizás tenga miedo
de lágrima esquiva que encuentra su huida,
me ahondaba mi herida
donde yago sin percatar
lo que percata el tiempo,
es mi azur una desquicia temprana
que no pide que calle,
este hijo poema que desnuda
mis blancas manos rosáceas,
es como un clarín y un solitario violín
de astros menores,
siendo alimento de este fuego propio.




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Flor de destino





Requiebro olas en fragor de colmenas
alzadas, sembradas en horizontes yertos,
al fugaz aleteo de la luz,
en fulgor de sombras erizadas,
todo lo sentido más que un haz carcomido,
fiebre en destello de mis astros,
todo lo dicho más que un cielo sin aurora,
más que una navaja de filos
por pestañas,
hilvano que trenzo
la sangre dormida,
es una cabaña de cielo
donde cobijo sueños y quebrizos,
en la cabaña
que Dioses abandonaron,
siembro escarchas de hiel,
todo lo que me dijeron es una verdad,
allí donde la puso el hombre,
bajar acaso puede,
grazna mi vida una vez más,
trenes pasan por estas sierras de nubes,
el destino informe ya cansado se apiada,
toboganes de esta bruma gris
me cuentan, me dictan,
del sentir de la maraña,
hasta que lleguen mis flores
del mañana,
entre el palpitar de azucenas
frías de la tarde,
pataleó el latir exhausto
de la silvestría del azul
del sueño, del racimo de mi jacinto,
extraviado,
un sol de invierno que ya se marcha,
por cuencos serranos
por alientos en carne de colores,
abriendo rectas sienes
el crepitar de los vientos,
bienvenido a mi mundo,
yo no estoy despierto.


II

Ama de esta casa, el alma fría,
de mundos retorcidos,
ingrávidos al peso de flores,
destartalado, por gentiles gestos,
azares difusos de mi reino,
saludando a la quema del rastrojo,
un iris por desenclavar,
corona de caléndulas
en soles por doblar,
al rayo seco, tornado en gesta
y sus candilejas fulguradas,
ríe y pasa, pasa y ríe esta espada,
hendiduras febriles
de mis verdes ojos
entre sus cauces la verde grana,
la verde espiga,
un romance del labrador
con su granate amapola,
llora sangre de aquellas santas,
esquiva de obreras guirnaldas,
se cava en rayos seculares del rey astro,
Estallando de luz su rocío primero.


III

Resplandece el día,
entre zarzas salvajes y sus espinas,
duerme que dormita un sueño enhebrado
en blanca cordillera, entre grillos
que soterran saetas dormidas,
al trinar de los cardos
en estepas cabalgadas
de verdes y sus trampas
entre erizos de campanulas
que ya no amarillean,
gimen abrojos el suelo que los vio nacer,
llegado el día del topillo
y su cernícalo que le da digna muerte,
entre este patio de arañas grises
descubro que me hincho de colores
estacionales, perennes, mutables, caducos
en crepitar de savia y duende,
se blande, se rige,
se descubre que todo duerme.


El Castellano

Miguel Esteban Martínez García en 5.3.17
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Linde quieto abierto






Derecho firmamento
entre filos de gentes,
es una piedra que camina,
piedra aventurera,
seca y umbría,
reposa y duerme
cantares del linde,
centellea rayos irisados
se riza con los besos de lluvia,
acaso quiso ser otra,
ella tan yerma, tan plácida,
imperecedera,
cerrada como se cierran
los rayos de luna,
acantonada, de estéril estampa,
dejas muda alabanza,
el día que te hice de voz,
piedra bella, sola,
estridente sin patio de sonido,
y esta voz que te di
voz dorada como tu piel de minera,
como un soto sin perdices,
avanzabas solo tú,
la vida quieta,
sembrándote allí por donde anduvieras,
al candor de piedra única
igual a la siguiente y a la anterior,
sin afán superior
hasta que este poeta te dio voz,
como flores que sin color
acaso fuesen,
un despertar en brazos de cieno,
un respirar de la montaña,
un cuchillo calizo que afilan
erosiones de las eras,
latido férreo, sangre de mineral,
o compostura de arenas,
piedra de mi casa,
piedra de tu casa,
la tierra.

II
Piedra potencia eterna,
nacida como nace una estrella,
cumbre de filos por bandera,
hogar, cobijo y morada
de lagartijas que cuelgan tus venas,
colchón de rayos de sol,
asolada tu espera
por quien te dio voz,
lideras tu guerra sin cuartel,
antes de yo nacer,
tú dabas alientos al suelo
sin importar pertenecer,
siempre fuiste
siempre eras su piel,
de la cantera, al nicho,
del mausoleo, al caserón viejo,
del silo al castillo,
tu fortaleza empedernida,
tu aval de honda certera,
Siempre estabas
siempre estuviste,
como río a su voz del mar,
osado no fui yo
quien te encontró,
solo fui encargado
de darte moción verdadera
ojalá pudieses contestarme
mi piedrita bella.

III
Devuélveme a tu vida eterna,
del soto a tu quimera verdadera,
clávame la oscuridad de tu cueva,
en esta esfera pulida sin espera,
risco de tu sien enarbolada,
millones de hijos
esencia desnuda de tu alma pura,
techo sin compostura
del ser invertebrado,
techumbre que pizarra llora,
su azabache de cristal,
tu sangre de fuego y agua
que nunca te alcanza
sólo partirte puede,
grieta de helada, tus filamentos
que encaran tu azar de vida sin dueño
a tu sangre de musgo me cuelgo,
en verde musgo tu fantasma muerdo,
vida de herramienta,
azar de la idea,
al paraje que te conforma
al que sostienes su vida
siendo el suelo techo de esta hacienda,
si tuvieses dolores todos gritarían
que se acabase la muerte en la tierra.




El Castellano
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Reminiscencia armada de anzuelo











Agita la severa onda,
un aletear del sargazo
entre gusanos que hilan
pescadores del pescuezo
de sus anzuelos.


Yo en tierra neutralizo
la tibieza del sol,
entre mis fúlgidos cabellos,
reviento azares como lijas subordinadas,
enmiendo errores de estos sueños que corren,
carraspea mi trilladora
un sonido de semillas que estallan sin carcasa,
estoy afilando mi idea
esperando que llegue el día.


Traspuesto a seguir el halo impertinente,
entre senil fuelle,
es el sonido de la tormenta,
partirme el rayo acaso pudiese,
venga que viene entre iris insomnes descorchados,
fieles a fulgurar regazos de redondos brazos,
quién osado que cree que posee salud.
A la muerte miente.



Va entre forrajes y gramas secuaces,
avanza estos dientes solares,
gritan rayos estelares
su alacridad entre solares sedientos de cielo,
es una finca
y un cobertizo nublado,
donde el grano ahuyenta
que fue arrancado,
es la tierra una azada permisiva que todo traga,
voy más allá de mi encumbrada malva,
mi taciturna sien nunca despega,
habrá que avanzar mi nariz
por campos
de la perdiz,
en la rivera del Arlanza
echar el sueño a flotar,
y que se ahogue mi funeral.






El Castellano a 21-04-2017
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Orgullo verde























































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Libro Yunques en la tierra, 147 páginas tamaño cuartilla, selección de poemas, semblanza variada, con lo más altivo de mi escritura.

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Haciendo cargo, desdén sentenciado




Sigue recto,
ángel del amor custodio
imperando que la vida foliaba
caléndulas y hórridos sesos.
Suspiros de floresta
y gramas virginales,
sus hondas notas de cristales,
paraíso cuál,
el verde, el azul, el amarillo,
helechos que amantes
se escondían un umbrío soto sanguineo.
Cañas de bambú asangrentadas
espejos de zarzales,
oí leve oscilación,
de viento impelido,
que la sombra de mi nogal baja,
repecho de hombre inquebrantable,
con hija poema de la Tierra,
dasté todos mis talentos,
en dolores, plegarias y sarmientos.
como diría Gerardo Diego:
-Un hombre ha muerto, una obra vive.
Oído, nota, estría, vena, sangre, cadencia,
muerte, vida, sueño,
reloj, pulso, acequia, noria,
flor, pulcritud, espada,
elegancia, misiva,
guarda, cuerda, entona,
verdad, bondad.
Huyó la primavera,
reflorece estío insubordinado,
última gota
canción de invierno;
no suena ninguna.
Sólo el principio y final de mi cuaderno
que revive la quejumbre.
Abejas mías dejad
que la flor duerma.



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