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luna roja — Blog

luna roja
luna roja — Blog
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Te amo así como se ama el aire que respiramos
sin darnos cuenta de su necesidad y existencia,
no con ese amor loco, revoltoso
sino con ese otro tranquilo
que se mete en el alma
como un soplo de energía
que desordena todos tus espacios
y me hace sonreír como una tonta
sólo al imaginar tu sonrisa.

Tu nombre
fluye a borbotones por mi sangre
como una abeja
libando de todos mis poros la alegría.
Tu nombre se instala en mis ojos
y cada vez que lo escucho
me deja un sabor dulce.

Hay días donde la mente
corre alocada y te olvida
y aún así una pequeña lucecita
se enciende cuando mí silencio
sin querer te nombra.

En el humo del café
llegas envuelto
en siluetas que se esfuman
como vos cada vez que quiero besarte y no puedo.
La mañana pasa lenta cuando recuerdo tu abrazo fuerte y tibio.

El amor es esa cosa que no tiene explicación.
Es un destino incierto,
es un instante eterno,
es un colibrí detenido en el aire
que huele a vos.

Tu ausencia existe en mí mundo
como el mar rompiendo contra los acantilados
Verte llegar es mí sueño
ese del que no quiero despertar jamás.
Amarte es este caos
que aveces crece
como una enredadera
aprisionando mis neuronas

Si alguna vez preguntas
y quieres saber de mí
te diré que estás
en todas las letras
que me susurran tu nombre
y en todas las voces que acarician
mi memoria empañada de nostalgia.
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Juro que seguiré escribiendo aunque me hagas enojar con tu silencio
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La abuela ratona vivía en su cueva,
encerrada casi todo el año, sólo salía de vez en cuando a hacer las compras y ver a sus nietitos Thiago, Mía, Eliel y Fran, así...era casi feliz, porque había un nietito llamado Benjamín que no podía ver, ni abrazar, ni besar, ni contarle cuentos como a los otros porque la mamá del ratoncito no la dejaba acercarse a él.
Entonces una mañana la abuelita Gachy, decidió comenzar a escribir los cuentos para que Benja pudiera leerlos, algún día.

La abuelita Gachy se sentó en su sillita favorita, rodeada de papeles y lápices, y comenzó a escribir. La tinta negra se deslizaba por el papel, creando mundos mágicos y personajes fantásticos. La abuela ratona escribía y escribía, sin parar, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

Escribió de un reino lejano, donde los ratones volaban en dragones de papel y los árboles daban frutos de chocolate. Escribió de un héroe valiente, que luchaba contra dragones y salvaba a la princesa. Escribió de un amor eterno, que superaba todas las barreras y hacía que el corazón latiera con fuerza.

La abuelita Gachy escribía para Benja, para que algún día pudiera leer sus cuentos y saber que ella lo amaba, aunque no pudiera estar con él. Escribía para que Benja supiera que era especial, que era un ratoncito valiente y fuerte, que podía conquistar el mundo.

Los días pasaban y la abuelita Gachy seguía escribiendo. Llenaba cuaderno tras cuaderno con sus historias, y cada una de ellas era un regalo para Benja. La abuela ratona se sentía feliz, sabiendo que algún día Benja leería sus cuentos y sonreiría.

Pero la mamá de Benja no sabía nada de los cuentos. No sabía que la abuelita Gachy estaba escribiendo para su hijo, no sabía que la abuela ratona lo amaba tanto. Y la abuelita Gachy seguía escribiendo, en secreto, esperando el día en que Benja pudiera leer sus cuentos y saber la verdad.

La abuelita Gachy siguió escribiendo, día tras día, semana tras semana. Los cuentos se acumulaban en su cueva, esperando el día en que Benja pudiera leerlos. La abuela ratona se sentía cada vez más feliz, sabiendo que estaba haciendo algo especial para su nietito.

Un día, la mamá de Benja se enfermó y tuvo que ir al hospital. Benja se quedó solo en la casa, sin nadie que lo cuidara. La abuelita Gachy, que había estado esperando el momento oportuno, decidió que era el momento de actuar.

Se acercó a la casa de Benja, con un gran paquete de cuentos en sus manos. Llamó a la puerta y, cuando Benja abrió, le dijo:

- Benja, soy la abuelita Gachy. He venido a traerte algo.

Benja se sorprendió al ver a la abuela ratona, pero la curiosidad lo llevó a dejarla entrar. La abuelita Gachy le entregó el paquete de cuentos y le dijo:

- Estos son para ti, Benja. Los he escrito especialmente para ti.

Benja abrió el paquete y se encontró con un montón de cuentos hermosos, llenos de ilustraciones y palabras mágicas. Comenzó a leer y se perdió en los mundos fantásticos que la abuelita Gachy había creado para él.

La abuelita Gachy se sentó al lado de Benja y comenzó a leer con él. Juntos, se sumergieron en las aventuras de los personajes y se rieron y se emocionaron juntos.

A partir de ese día, la abuelita Gachy y Benja se convirtieron en los mejores amigos. La abuela ratona le contaba cuentos a Benja y él le contaba sus aventuras. La mamá de Benja, al regresar del hospital, se sorprendió al ver a la abuelita Gachy y a Benja juntos, leyendo y riendo.

- ¿Qué pasa aquí? - preguntó.

La abuelita Gachy sonrió y dijo:

- He estado escribiendo cuentos para Benja. Quería que supiera cuánto lo amo.
La mamá del ratoncito, se enojó mucho al ver a la abuelita Gachy con Benja, leyendo cuentos juntos. Se puso roja de ira y gritó:

- ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Te he dicho que no te acerques a mi hijo!

La abuelita Gachy se sorprendió y se asustó un poco, pero trató de mantener la calma.

- Solo quería darle algunos cuentos que escribí para él - dijo, mostrando los cuadernos.

La mamá del ratoncito se puso aún más furiosa.

- ¡No te atrevas a acercarte a mi hijo! ¡No eres una buena influencia para él!

Benja, que había estado disfrutando de los cuentos, se asustó al ver a su mamá enojada y comenzó a llorar.

- Mamá, no... - dijo, tratando de calmarla.

Pero la mamá del ratoncito no se calmó. Se acercó a la abuelita Gachy y le dijo:

- ¡Vete de aquí! ¡No te quiero ver cerca de mi hijo nunca más!

La abuelita Gachy se sintió herida y triste. Se levantó y se fue, dejando atrás los cuentos y a Benja llorando.

La mamá del ratoncito se quedó con Benja, tratando de calmarlo, pero el daño ya estaba hecho. La abuelita Gachy se fue a su cueva, llorando y pensando en lo que había pasado.

La abuelita Gachy se sentía triste y sola sin su Benja. Sabía que tenía que hacer algo para volver a ver a su nietito, pero no sabía qué.

Después de mucho pensar, decidió escribir una carta a la mamá del ratoncito, explicándole cuánto amaba a Benja y cuánto deseaba estar con él. La carta decía:

"Querida hija,

Lo siento mucho si te he ofendido. Solo quiero que sepas que amo a Benja con todo mi corazón y que solo deseo lo mejor para él. Los cuentos que escribí para él son un regalo de mi corazón, y no tenía intención de hacerte enojar.

Por favor, ¿no podemos hablar de esto? Quiero ver a mi nietito y saber que está bien.

Con amor,
Abuelita Gachy"

La abuelita Gachy envió la carta y esperó ansiosamente la respuesta. Pasaron los días y finalmente recibió una respuesta de la mamá del ratoncito.

La carta decía:

"Abuelita Gachy,

Lo siento también. Me he dado cuenta de que he sido demasiado dura contigo. Sí, puedes ver a Benja, pero por favor, no le digas nada que lo confunda.

Ven a visitarnos mañana a las 3 pm.

Con amor,
Mamá de Benja"

La abuelita Gachy se sintió feliz y agradecida. ¡Podría ver a su Benja al día siguiente! Se pasó el resto del día preparando regalos y cuentos para su nietito.

Al día siguiente, la abuelita Gachy se dirigió a la casa de Sole, la mamá del ratoncito, con el corazón lleno de emoción. Al llegar, Sole la recibió con una sonrisa y la invitó a entrar.

- Pasa, abuelita - dijo Sole. - Benja está en su habitación, jugando con sus juguetes.

La abuelita Gachy se dirigió a la habitación de Benja y lo encontró sentado en el suelo, rodeado de bloques y coches de juguete. Al ver a su abuela, Benja se levantó de un salto y corrió hacia ella, abrazándola con fuerza.

- ¡Abuelita! - gritó Benja, con una sonrisa de oreja a oreja.

La abuelita Gachy se sintió llena de alegría y lo abrazó con fuerza, besándolo en la mejilla.

- ¡Mi querido Benja! - dijo, con lágrimas en los ojos. - Te he echado tanto de menos.

Sole se acercó a ellos y se sentó en el suelo, al lado de su hijo.

- Abuelita, quiero hablar contigo - dijo Sole, con una voz suave. - Me he dado cuenta de que he sido demasiado dura contigo. Quiero que seamos amigas y que Benja pueda verte más a menudo.

La abuelita Gachy se sintió aliviada y feliz.

- Me encantaría, Sole - dijo, sonriendo. - Gracias por entender.

A partir de ese día, la abuelita Gachy y Benja se vieron más a menudo, y Sole y la abuelita Gachy se convirtieron en buenas amigas. La abuelita Gachy siguió escribiendo cuentos para Benja, y él se los leía con entusiasmo, sabiendo que su abuela lo amaba con todo su corazón.

Moraleja

La abuelita Gachy y Benja se merecen ser felices juntos.
La familia es importante, y el amor y la comprensión pueden superar cualquier obstáculo.
Espero te haya gustado esta historia
¡Gracias por leerla !
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Ayer pasó una tormenta de silencios
un tiempo de nombres desconocidos
un arcoíris lleno de palabras
sin forma
tu ausencia y la tristeza
fueron la boca del lobo
que quería devorar
mis entrañas

Ayer las piedras
dibujaron caminos
que no eran los de mi casa

Ayer me olvidaste
entre risas cómplices
que taladraron mis sueños
como un perro masticando
un hueso robado
dejando mis latidos mudos
esperando una palabra
solo para mi

Ayer tapaste mi boca
con reproches
y cortaste de mis manos
las caricias

Ayer no hubo café
y los únicos huéspedes
fueron el silencio y la soledad

Ayer la cama era inmensa
y yo era barca a la deriva
sin el faro de tus ojos
como guía

Ayer el viento
entre las ramas del aguaribay
silbaba un nombre que
no era el mio
cuando la oscuridad
cubrió al sol
dejando desamparada
a la luna
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Te esperé toda una vida,
dieciocho eternidades
y siete infiernos
con un amor infinito

Sos la mitad que me falta
para ser feliz cada día
Sos mi complemento
mí dulce tortura
cuando me vuelvo loca

Sos la ternura que me inunda
cuando todo se desmorona
Sos la seguridad que no tengo
Y mis promesas sin cumplir

Sos los quizás que nunca fueron
los sueños que elegí dejar
en el camino
y los que decidí compartir con vos

Sos los viajes que vivimos
los que nunca serán
y los que nos falta disfrutar

Te necesito
Te quiero
Sos mi vida
pero todavía
no logro descifrar
porqué te amo
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Por las rendijas del amanecer
entre la comisura de mis labios
aveces ...
se me escurre un lluvia salada
entonces sonrió y te pienso
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“Si realmente amas a alguien, lo amas dos veces.”
La primera vez es fácil…
Te enamoras de su sonrisa ligera,
de la forma en que su voz rompe el silencio,
de cómo mira la vida como si todo fuera posible.
Ese enamoramiento temprano es limpio, brillante, casi ingenuo.
Es un amor lleno de promesas que aún no han sido puestas a prueba,
un amor que se alimenta del encanto, de lo nuevo, de lo que deslumbra.
Pero con el tiempo, la cortina se levanta.
Y ahí es donde empieza la verdad.
Ves sus cicatrices ocultas,
sus miedos que no confiesa,
sus días grises que nadie más nota,
sus batallas internas que a veces ni él mismo entiende.
Descubres que no es perfecto,
que nunca lo fue,
que solo lo mirabas con los ojos de
quien quiere creer en la magia.
Es en ese momento—cuando la realidad se asoma sin pedir permiso—
cuando tienes que decidir si lo amas por lo que imaginaste…
o por lo que realmente es.
Porque amar la luz es fácil.
Lo difícil es amar también las sombras.
Aceptar que todos llegamos rotos de algún lugar,
que cargamos historias que aún duelen,
y que incluso lo más bello tiene grietas que uno debe aprender a mirar sin huir.
Y si aun así eliges quedarte…
si puedes amarlo sin filtros, sin maquillajes, sin expectativas irreales…
si abrazas lo bueno, lo malo, lo que entiende y lo que le duele…
entonces lo estás amando por segunda vez.
Pero esta vez es diferente.
Esta vez ya no es enamoramiento:
es comprensión.
Es madurez.
Es amor del que no huye cuando el alma tiembla,
del que se queda cuando el miedo habla,
del que crece cuando la vida pone pruebas.
Ese amor, el de la segunda vez,
es el que sostiene,
el que acompaña,
el que no exige perfección,
porque sabe que lo real siempre será más valioso que lo perfecto.
Y tal vez ese sea el verdadero milagro del amor:
elegir, a pesar de todo,
volver a amar a la misma persona…
pero esta vez con los ojos abiertos.
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Sabías que cuando llueve los girasoles dejan de buscar al sol y se miran entre ellos ?
Hoy llueve y este girasol te sigue mirando Solcito mío
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Canta el alma y la tinta susurra versos,
ecos de sueños laten libres,
tejiendo poemas en cada respirar.
La luna aveces rebelde y caótica,
otras sensualmente melancólica
suspira tus letras
y baila al son de los tambores
que con cada pulso la nombran

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Sabes?

Llegaste,
después de una vida de sombras.
Después de dieciocho inviernos sin flor,
y de siete infiernos sin cielo.

Sos el eco de la mitad que me falta,
la melodía que me devuelve la calma,
y la aguja que me hiere para sanarme.

Sos el mapa que dejé de buscar,
los senderos olvidados,
los viajes de una vida
que ahora quiero vivir con vos.

Te necesito.
Te quiero.
Sos mi vida.

Y no sé por qué tu existencia
es la única pregunta sin respuesta
que no necesito resolver.
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Llenos de emoción,
tus labios,
como girasoles,
ardientes de pasión,
chocaron con los mios
temblorosos y tibios.


Cómo explicar la sorpresa
y el sabor de tu lengua,
elixir de fuego
devorando la mia,
con esa vehemencia,
casi divina.


Aroma de lo prohibido,
huracán de sentidos,
que arrasa mi calma.


Regalo inesperado del destino,
el néctar de tu boca,
delicioso manjar de los dioses
me ofrenda.


Un beso ardiente y callado,
robo de mi alma,
un sueño inolvidable.
Cargado de ambrosía,
fantasía que hoy habita mi realidad.
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Cuando pienso en vos y ese beso que nunca nos dimos, ese beso que sueño pero nunca será mío, ese beso que me cansé de esperar, porque para mí no tenes tiempo, porque lo importante no es el beso no dado, ni la caricia olvidada, ni el "te deseo" en vez del " te quiero", mirá que no pedía un "te amo", con un" te extraño" o un" te pienso" me conformaba pero nada... solo el silencio fue mí compañía cuando debiste ser vos y el beso... y el dónde estás? que nunca llegó.
Así que voy a dejar de pensarte un día de estos, ya sé que no te importa solo tenía ganas de escribirlo.

Las palabras solo duelen cuando te importa quien las dice
AZ
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Nunca se florece con alguien que solo te riega por temporadas. Porque las raíces no entienden de amores a medias ni de cuidados intermitentes. Un corazón no puede florecer cuando recibe gotas de afecto solo de vez en cuando, cuando depende de la inconstancia de alguien que aparece y desaparece según su comodidad. El amor —como la vida misma— necesita constancia, cuidado y presencia. No basta con un gesto bonito de vez en cuando si luego lo reemplaza la ausencia, la indiferencia o el silencio.
Quien solo riega a ratos, no está sembrando amor: está alimentando la ilusión. Y las ilusiones, tarde o temprano, se marchitan porque carecen de raíces firmes. Un “te extraño” después de largos días de indiferencia no compensa la soledad que dejaste. Una caricia ocasional no sana el frío de tantas noches vacías.
El florecimiento ocurre al lado de quien no teme quedarse, de quien se hace presente incluso en los días grises, de quien entiende que regar no es un acto de obligación, sino de amor constante. Floreces cuando alguien reconoce tu valor siempre, no solo cuando le conviene. Floreces cuando esa esencia es cuidada, celebrada y respetada en cada estación, incluso en invierno, cuando parece que nada crece.

Por eso, nunca te culpes por no florecer en tierras áridas ni en corazones que no saben permanecer. No eres tú el problema, es el terreno donde intentaste echar raíces. Recuérdalo siempre: una flor jamás debe pedir agua. Quien de verdad te quiere, sabrá regarte con paciencia, con ternura y con constancia, porque entiende que solo así se construyen jardines eternos.
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En la laguna azul,
en un rincón secreto del universo,
donde los latidos se sincronizan,
donde no existen los relojes,
donde lo imposible es posible
y la pasión es todo.

Firmamos un pacto,
con las manos y los labios,
con las lenguas jugando
a descubrir las pieles.

Se fusionó tu piel con la mía
en un incendio voraz,
evaporando los miedos
como un elixir mágico,
volviendo invisible el mundo
y las sombras en la pared
fueron cómplices del eco
que marcó el camino.

Un abecedario entero
no alcanza
para seguir explicando
eso que sentimos.
No hace falta brújula, ni estrellas,
para volver a recorrer,
el sendero que siempre
me lleva a vos.

En realidad no necesito un pacto,
entre letras invisibles,
ni palabras de humo,
cuando el mundo se detiene
al amarte amor,
y es fuego lo que arde antes
y después de la calma.
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Háblame
repite mí nombre
infinidad de veces
No dejes que muera
la esperanza
que mí nombre
en tus labios
me hace soñar
que me amas.

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Al verme reflejada en tu pupila
veo lo que quiero ver
¡ una mujer enamorada !
porque tu eres ese lugar
en donde mi cuerpo
es parte tuya.

Eres libertad de amor
en mi pensamiento,
la entrada a un cielo oculto,
el pasaje de un sueño en invierno.

Eres la caída de un pecado entre mis labios,
mi inspiración que se abriga con tus alas,
el espacio de tierra que piso para estar viva.

Eres el momento al que siempre recurro
para volverme eterna…

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Persianas de ojos en calma
un latir al galope.
Silencios entrecortados
suspiros incendiando el aire.
Mariposas de manos
revoloteando, estrujando las ansias.
Buscando perfumes
un vaivén de caderas cadenciosas.
Una roca estrellándose entre las olas.
Un rocío embriagador
empañando la desembocadura.
Un mar embravecido explotando
tallando mi vientre.
Un coro de gemidos
convulsionando los cuerpos.
Dos siluetas detenidas
tranquilidad de grillos.
En una sinfonía de silencios
deseo cansado y feliz.
Marcas de hoy, enjugando
los verbos en calma.
Sellando el momento…
un beso de agua y fuego,
me encontró soñándote.
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Solo por ti

Voy muriendo despacio fuera y dentro del tiempo

Dentro del laberinto lleno de curvas y bajadas

Entre la arena eterna arrastro la soledad

Como una sombra tú te alejas más y más

Ya no puedo alcanzarte te escurres de mi piel

Te escapas de mi alma, regresa

Mi voz es un alarido.

Lunas de fuego eternas

alumbran el camino al que quiero llegar

¿Donde escondiste mi corazón?

Devuélvemelo

Mi piel esta en llamas

¿Cuándo revivirán los muertos?

¿Cuándo vendrás a desintoxicarme

El alma y devolverme lo que te llevaste?

¿Cuándo volverás a comer mi boca?

y dibujar mariposas en mi espalda?

¿Cuándo?

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