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nelson majerczyk — Blog

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nelson majerczyk — Blog
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· 1 comentarios · ♥ 1
¡Ah, que fastos en las fiestas del Oscuro!
Los ostentosos señores de Chocolobombo
saben lo que hacen, oscuras y solemnes son
sus salas aunque nunca solitarias
Bellos trajes, con brillos de hombres y mujeres.
Algunas pasean encadenadas sus mascotas,
humanas mascotas, con collares de pinchos
al cuello babeantes y grotescos, enloquecidos
prisioneros, esperan las migajas, a los pies de
amos impiadosos, sádicos...
A la mesa se sientan a yantar dignos impávidos,
en bellas sillas armadas con musculosos
africanos hieráticos, la mesa, 109 vírgenes esclavas
cadera contra cadera quietas como muertas,
deseables sudorosas maderas humanas, unidas por
el terror y sus pelos, 109 cabezas entrelazadas.
Ante la orden del Xliz, obedecen los señores y
con un golpeteo atronador en nalgas de la mesa
virginal se acomodan, y saludan al Rey.
Majestuosas estatuas de arracimados esclavos
adornan palacio y sala.
Calotas se alzan brindan con vino azúcar sangre,
por la llegada de Xorix Rey de Rambazero.
Con este homenaje se inician las satánicas fiestas.
Se envían mensajes desde boca a oído,los señores hablan
exigen obtienen,limpian sus manos en las nalgas
de la humana mesa.
La voz del Xlix estridente fluye desde
palacio a kilómetros de distancia, como ululeante
ola se mueven los comunicadores por extensa triste
llanura a destino.
¡Qué fiestas, qué homenaje al Oscuro!
Hasta hoy.
Hay un grupo de esclavos, según cuchicheos
de palacio que dicen " Habrá un día... habrá un
día..."
¡Qué fiestas, qué homenajes...!
· 2 comentarios · ♥ 1
En este presente eterno
que me envuelve con el
día a día circular, a veces
confluyen atropelladas
imágenes y sonidos
de lo distante.
Y los rearmo impaciente
para rebobinar la vieja
película.
Cuando niño en un
balneario de mar donde
pasábamos el verano se
instalaban de la noche
a la mañana carpas gigantes,
las veo elevarse entre la niebla
con sus toldos de colores desabridos
chamuscados por incansables soles.
Era el circo, que nunca
me gustó.
Y sus habitantes-artistas, domadores ,
payasos y toda la parafernalia.
Gigantes, mujeres barbudas
Tristes damas hirsutas que me causaban
estupor y pena. Entrábamos gratis con la condición
de llevar gatos y perros, no sabíamos de
su destino.
Pobre, desgraciado destino.
Nunca lo supimos, pero no lo niego, para
mi horror, que lo intuíamos.
Con la bolsa a cuestas entre maullidos
y ladridos solíamos espantarnos observando
tigres y leones en sus jaulas, rugiendo y esperando.
Después de la función con mis dos amigos
seguíamos a algunos artistas que se perdían entre
los arenales, escondidos ellos, escondidos nosotros,
cuchicheando nosotros, jadeando ellos.
Noche de actuación y ansiedad.
Pero lo que más nos atraía era perseguir emboscados
silenciosos, a tres artistas camino de la playa
muy abrazados.
El hombre montaña y las siamesas.
Entrelazados, ellas entrañables, mano con mano,
sentadas en un muro que daba al mar, el gigante
se enfrentaba y las besaba alternativamente,
luego las envolvía como en un frenesí entre
sus inmensos brazos; nosotros quietos silenciosos, sin
entender nada mientras una luna chiquita plateaba el
mar, mientras se oían rugidos, ladridos, todo al unísono.
Ante mí, ante nosotros.
Sin entender nada.
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