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  1. Se fue ese extraño sentimiento
    ajeno a mí.
    Me utilizó como envase mientras iba contaminando de dolor mi sueño
    mi brillo.
    Y cuando se ha desprendido de mi coraza, como lo hace una costra, cuando cura la herida.
    En vez de sanar
    ha continuado la difteria de la sangre.
    Rabiosamente irrigada por este corazón roto.
    Que prendió fuego a los tuneladores
    del carácter lleno de la misma mentira del sentimiento hecho.
    Piedra
  2. Riachuelos de color blanco,
    dibujan una cascada congelada como una capa brillante de roca preciosa
    o precisa.
    Notamos la ingenua marea del rumor. Chocando contra los gigantes de piedra, la sustancia brava astuta
    y vasta nos confunde con diamantes de nadie. El preámbulo del decoro
    nace militante lleno del duelo de jactancia y precocidad.





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  3. Los focos alimentaban su belleza
    en el sigilo de la noche la playa
    del oro era larga cabellera donde.
    Los animales del tributo
    ronronean el signo del pescador.
    El sonido se desliza fragmentado
    en el discurso su voluble imagen
    estalla como un petardo, la salinidad
    del invento plural de nadie, surcos
    de trinos y sabor vuelven locos a los cuerdos nacidos después del dolor.
    Sabía allí fragancias de nube picoteada por el mundo, que tiene aguijones de sal y sueños de celuloide
    campestre nube del lector.




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  4. En el singular nombre del lloro
    astillan refugios bajo lencería húmeda.
    La intransigencia del dolor
    amplía verdades sin foco
    Un punto de fractura y de fuga
    que alimenta docente la inmaterial
    aureola del cobarde.
    Todos los flojos de valor
    somos inocentes ante combates
    en las distancias cortas
    sin embargo luchamos como jabatos los rounds que la vida insulta
    en nuestras matrículas.




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  5. Lloro del trigo ajeno
    en su pelo, luces de cerámica pernoctan toda la metamorfosis
    del día, tras el telón, de la sustancia
    año de delirio , sin harina realzada
    por tus miedos que se descorren del suspiro no dañado,
    tus delgadas miradas engordan
    los paladares del mito
    anclando los susurros desquiciados
    por pérdidas de volutas y panes.




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  6. En un terrible mapa de tristezas
    habita mi sendero,
    busco caminos que me lleven
    al centro de los oasis.
    Para desde allí adorar con
    el dolor de las princesas de diadema azul y piernas alicatadas, un sabor
    a la muerte de los nervios y caricias
    de pinceles sin rabia.
    Así los días se exprimen como trapos
    mojados cayendo en el suelo del techo de cada horizonte, donde
    ahogan los cobardes de la multitud
    las cruces que marcan los tesoros de mi identidad, encuentro tu perfume con mi nombre escrito
    en cada gota resbalando por tu cuello
    pétreo de sirena.




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  7. Los silencios directos
    como puños,
    golpean las preguntas
    sólo el interrogante que desvela.
    La culpable desgracia del bulo
    se resigna en el amperaje
    de sí mismo.
    La desgracia tiñe toda la sutura
    de la esperanza calcinada que perpetra en la culpabilidad
    un designio de mentira
    tras la soledad del acusado
    que genera toda la rabia
    de la impotencia,
    y desde ese momento un combate
    sobre
    algo personal.
    se decreta.



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  8. El invierno de mi memoria
    crea siluetas congeladas
    en la clausura de mi intención
    desbordante en el silencio
    del hollar, ahí la calma titubea una
    batuta decisión del turbio tallaje
    horadando la intención de los nombres en recuperar sus apellidos
    en cánticos de luz, pleamares marisqueando en el vocabulario
    un singular destello del jugo victorioso, que pelea entre entes de desorden
    palidez en la vida cautela del trono
    donde la sanguínea efervescencia
    nos llama autómatas del declinaje
    capitulados de áspera felicidad.






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  9. La negación turba los deseos del
    aprendiz.
    Sólo los jugos de una flor fresca,
    recién abierta seduce al colibrí
    polinizando el habla del apuntador
    que entre actos, descansa la sierpe del telón en una
    hiedra de versos elevándose como
    El acordeón del monólogo.
    Un misterioso abrir y cerrar de
    la sabrosa mezcolanza de la mulata
    bailando y bailando, la seda de tu nombre.




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  10. Los claveles de rojizo pendular.
    Esnifan todo el Ártico en una bolsa dolor
    la herida ahueca la mala sangre.
    Sempiterna delgadez aullando
    la mirada del deceso capricho
    del duelo.
    Una balanza queda perfectamente
    alineada para torturar la suerte del
    culpable, así la necedad se edulcora
    con caprichosos mundos del agua.
    Equilibrios de la profunda herida
    en un alambre pálpito que dicta las reglas de la gravedad.






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  11. Anzuelos que pescan reputación
    en playas de dinamita, sólo
    la búsqueda del contorno averigua
    celosía en el pantanal del grillo
    donde ojos brillantes miran fijamente
    el horror de la calma habitada de esqueletos sin suciedad en la mirada.





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  12. La música en la lluvia.
    Y entre planetas. caen
    lágrimas en
    cuerdas de tender llenas de corcheas junto a lencería mojada.
    Un mediterráneo que en cada plato de comida, saborea un lloro de una esquina
    brotando la ancianidad en las flores
    la sordera de mimos que da igual.
    Río mutilando los pétalos
    anclaje a ningún lugar.
    Salud del miedo erradicado por
    un beso. Lleno de vacío.




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  13. Sombrías calles de mitómanos con
    pintores de astucia haciendo
    el amor a los colores.
    Sin una salida trámite
    al consolar el sueño
    papilar.
    La tardanza de la muda
    piel de densa paciencia
    nos hace que el clamor del silencio
    sea enterrado como cepas de
    árboles, sin macetas.




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    A M.B.Ibáñez. le gusta esto.
  14. Dentro del aullido
    corren mis sueños des nutriéndose
    de esperanzas y
    dolor que cultivo
    en mi suelo
    cuando camino, escuchando
    la voz sin nombre, que rasga la arquitectura
    de mi infancia.
    Ese aullido tiene puertas, blindadas
    por el temor,
    suelos donde pisan las hundidas miradas de cada sendero.
    Techos que cubren la cura de los
    renglones torcidos del periódico
    donde cada uno reescribe su viaje
    en forma de noticia, mala noticia
    temiendo ser ellos los culpables.
    Ascensores parados entre plantas
    donde el timbre de auxilio, sólo
    lo escuchan los perros vagabundos.
    Traicionados por ellos mismos.
    La sombra del horror.
    Metidos en un psiquiátrico.




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  15. El pelambre de la poesía
    prende fuego con rapidez.
    Las palabras son agujas contra irrespetuosos, duerme velas del
    intelecto.
    Yace en la inseguridad
    los miedos turbados
    del sueño con techo de cristal,
    casi endebles nervios del mundo
    torcido, reflejado en su sentir.
    Gran bola de dolor ausente que
    racanea lo entendible cuando lloramos todos al averiguar que
    todo es mentira.




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