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    Y no te olvides: el número 2 de Eco y Latido se publicará en Mundo Poesía el 1 de diciembre de 2017.
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  1. Esa pequeña luz candente
    vibrando en el estertor de los brazos de la noche.
    Lucecitas de velas con miedo a apagarse
    son el despliego de mi mundo.
    Zarandeado por la mirada íntima que me lanzaste.
    Creo que te tuve
    o era una de esas alucinaciones
    urdidas por las mujeres, Cuando
    son ellas las que nos ligan, y nosotros quedamos ante el espejismo lleno de
    victoria, ilusos, pobres infelices.
    En ese arpegio del idilio los trastes
    del dulce sonido de derrota ingresaban en mí como hilos solitarios, mecidos en las hamacas.
    de mi raquítico amor no correspondido.
    Yo no ligué a nadie.
    Mi pañuelo se secó de todo el jugo
    que me reescribe en los vacíos,
    toda esa inspiración que había nacido gracias al desprecio
    de la microsociedad de gente inútil
    y apollinados incubando su huevo
    mientras malmeten y esperan su turno.
    En fin toda la vertebraciòn
    del entorno de la reina del baile.
    Que se llevó mi pañuelo.
  2. Sal, migaja del ojo otoñal
    pellizco del mundo desnudándose
    en el atril de los mapas ciegos.
    La décima merodea haciendo camas
    de aguas, remueve la salinidad de tus
    cromosomas, involuciona, hasta el
    Huevillo de luciérnaga
    y no te mientas.
    Preñez del roce candado a la caricia.
    Hijo de la indiferencia, tu luna
    es el foco de la habitación,
    donde las torturas se ligaron
    a los cuerpos, como las últimas caricias de verdugos absueltos.




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  3. La delicada llamada del trino
    desde los nidos que abrigan
    la marea de los pliegos tangenciales
    los rostros se abren de sus máscaras con sombrero de copa,
    entre telones la imagen
    se destruye por reveladora
    en una astuta trivialidad
    tres caras de, señores maniquíes.
    Teatro, que todavía habla de un espejo
    que ofrece un reflejo
    con dinastías de burocracia.
    Tres rostros en una misma cabeza
    despierto, soñando y muerto.





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  4. Los jirones del color rasurado
    como nudos de un hambre solitaria
    en playas de enajenadas zarzas
    con los pálpitos de los nombres llaga
    aquellos del silencio de los ruidos
    que imploraban místicas y delirios
    abriendo camino en los lazos palidecidos de los rotos astros.




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  5. Dentro, y a veces como una fina capa
    de piel.
    Está el pañuelo de la inspiración
    y del celo.
    Se humedece institucionalizado
    entre muros.
    La roca del exterior protege mi musa
    su deseo de invención.
    Tengo que evitar que no se corrompa
    que siga suministrando gota a gota
    verso a verso, la ideación. La imagen.
    Los aforismos
    son la hiedra cubriendo la pared
    los muros, el contorno, el árbol que crece recién plantado
    riego la semilla
    estrujando el pañuelo hasta secarlo
    y horadar entre los muros del cuerpo
    el nacimiento de mí poesía.
    Así nacen mis poemas.



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  6. El solsticio de la hilaridad
    cambia como los soles
    cuando el arrebol fusiona
    la lealtad del tramoyista,
    que levanta telones
    en la dramaturgia del ser humano.
    Una pereza gris te intenta
    deformar el cuerpo,
    es la nostalgia que destensa
    los nervios de tu ausencia.
    Para cuando te encuentras
    la nervadura del tiempo
    ha hecho de ti un generador
    de mierda.



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  7. Los estertores del habla llegan
    cuando el silencio cierra la cremallera de la boca.
    Caballos de palabras
    disuelven vocabularios
    en la sopa como una pastilla
    que enriquece el guiso
    del diálogo.



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  8. Pellejos del mundo
    casi arruga global
    por la culpa del tejido
    que el planeta zurce
    su pluralidad de ecos remotos
    crean huella en la agonía de su estancado giro sin respuestas
    la plástica del mutismo.
    Hiere aun más si cabe
    la propia soledad del vacío.



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  9. Te sigo con la mirada
    la blanca tersura
    de la mañana.
    El colibrí campa dentro
    de la flor que llevas en la oreja
    libando su néctar, para que
    la dispersión, la fragua de la Flora
    se produzca imantada de solera y paciencia. La conjura de la poesía.




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  10. Volver por nada
    los silencios rasuran praderas
    de íntimas digestiones
    la onda siempre llega
    Ojalá un día vengas con ella.
    Nunca la delgadez de mi rostro.
    Deseó tanto un beso.
    Pero ese maltrato se ha adherido
    al camino del verso.
    Por ese sendero
    siempre volveré.


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  11. El mercado del tiempo está lleno de color,
    las librerías te escupen sus libros
    desde sus estanterías.
    El hogar de cada libro agasaja como
    un buen anfitrión a su lector,
    lo atrapa, lo vacía y lo llena, lo remueve, y lo consuela, con la huella
    de los crisoles lo modela, un buen libro hace por ti, lo que una madre
    hace cuando te lleva dentro
    ¿Cuantos hijos tendrán los buenos libros?
    Para el autor el libro es como un hijo
    para el lector el libro es su cómplice.
    Sólo los buenos libros segregan un polen vida que el viento esparce en la llanura de la literatura.
    Los libros malos arraigan también
    como malas hierbas, como hongos
    venenosos.
    El jardín debe ser cuidado, si no se te puede secar la Flora del intelecto y volverte un cafre sin interés ni misterio.



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  12. Tu identidad camina con hilos de cordura
    hebras de luz que extienden
    la manipulada paz del sendero
    para que siempre en la incògnita
    amanezcas por la siguiente curiosidad , un paso tras otro
    hasta encontrarte a ti mismo
    para que te realices,
    proyectamos muchos simulacros
    en la vida, vivimos la vida, con acierto y error,
    encontrar tu lugar en el mundo
    es la huella a la que seguir de un sendero urdido por sentidos
    y emociones que se adhieren como cables a otras identidades, y conectar
    es tan difícil como desconectar.


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  13. En un diván de rosas de azafrán
    el discurso de miel caído en un hilo del paciente.
    Peñambre latitud desconocida en el
    anclaje del huevo con minorías
    casi tardanza en la auscultación del pecho,
    de la pared.
    Un lejano latido vibra en la ausencia
    llamando, al infinito del horizonte
    como un radar submarino en roca rota asciende clavijero la marioneta del enfermo en compañía de un guía
    para no perderse en el hielo interno
    de la locura, que anfitriona la aguja
    marcando el tiempo de la consulta.
    Las manos del Psiquiatra manchadas de azafrán indican la involucrada tensión del doctor.
    Y el mundo interior del paciente.
    Al que le han separado de sus hebras
    de luz.
    Como se separa el cobre del cable para hacer un empalme.



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  14. El turbio defensor merodea ausencias de cromosomas
    la pérdida silenciosa ata el conjunto
    de arquetipos dañando los roces de los suburbios que admiten el velo rasgado por los adulterios.
    Cantando canciones de soledades
    prematuras.


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  15. Desnudo tu cautela, la imantada atracción de tu cuerpo
    que perece bajo las piernas de tus catedrales, donde no se visitan por piedad, si no que éstas son templos
    de hermosa belleza,
    de riego y sumisión
    entrar en ellas como
    amante menguante
    es suturar las heridas de tu amante y....
    Zurcir en sus cicatrices
    la palabra " Te quiero".



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