Poema titulado El ardid en la sección Clásica NO COMPETITIVA (sin premios) , de la categoría Poética CLASICA (con rima y métrica clásica); Tras terrífico combate que cuanto otrora en el campo verde y florido se viera dejara objeto de espanto, entre mil ...
El ardid Tras terrífico combate
que cuanto otrora en el campo
verde y florido se viera
dejara objeto de espanto,
entre mil cuerpos sin vida
y mil semblantes llagados,
entre exánimes corceles
e innumerables hierbajos,
sólo pareja de hombres,
cuál por los suelos tirado,
cuál ciñendo grande espada
que plasma iba sudando,
todavía resistían
a la muerte y sus heraldos,
todavía se nombraban
de sangre y humor dechados.
“Si a ciento amigos matasteis,
astuto mahometano,
por qué no debiera ahora
finalizaros de un tajo
que me digáis por quien soy
os ordeno, intimo y mando”,
habló al primero el segundo,
no en balde pugnaz cristiano.
Del alárabe caído
los negros ojos brillaron,
y vino aquestas palabras
a exclamar con tono falso:
“Ved que a vuestros pies rendido,
la crueldad por la que antaño
mi nombre se distinguiese
me devuelve el rudo hado;
ya nada sobre la tierra
poseo, ya nada valgo,
y contra mi ser se ciernen
los tenebrosos ocasos
que sin cuartel atormentan
a quienes fueron ufanos
y un día del bienestar
los suaves frutos probaron.
¡Oh, qué delicia sería
que de tan abyecto estado
aquesa desnuda espada
de brioso y fácil mango
con un golpe me sacase,
así volviendo pedazos
la agonía rigurosa
y el sufrimiento nefando!
Porque me matéis no grito,
mas con voz de trueno clamo,
que, en haciéndolo, hay hurí
de cabellos soberanos
y en el rostro por luceros
cristales limpios y claros,
cuyos muslos dan la paz
como la quitan venablos,
cuyos pechos goce son
indescriptible a las manos,
a mi ánima de guerrero
en un jardín esperando.”
Parlamento tal oído,
juicio formó el bautizado
de que justo y procedente
a aquel enemigo bravo
era sin duda dejar
en existir execrando,
antes que a su corazón
agresivo y solitario
galardonar el placer
de sentirse acompañado
por beldad del firmamento
caricia, arrullo y halago.
No bien, pues, junto a la ira
echó la espada a lo bajo,
rompió a hablar el musulmán
con aire pleno y lozano:
“Ingenuo sois si pensáis
que hay del otro, opuesto lado,
prez mayor que cuanta muestra
aqueste divino espacio:
suponiendo castigarme,
un tesoro habeisme dado,
el impar y prodigioso
de llorar un lloro humano.”
Re: El ardid Irónico y enigmático romance de cristiano y mahometano, Littera: cuán débil la fe del uno, cuán sana astucia del otro...
¿has dejado alguna rima "ao" sin usar?
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti,
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
(Rubén Darío: A Margarita Debayle):
Mínimo ejemplo de lo que es
para mi poesía.
Jorge
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