A mis abuelos
I
Recuerdo fugaz
Casi como la llama de una vela,
a veces diminuta y titilante,
llega para quedarse algún instante
la imagen que persiste de mi abuela.
Y en esa vibración de la candela
se escucha algún perol burbujeante,
el guiso va esparciéndose humeante
y está sobre el mantel limpio, de tela.
También recuerdo oler en el verano
el cuenco que servía de aceitunas
y el plato de embutidos y de queso.
Y luego una caricia de su mano
con unas advertencias oportunas
del río y sus peligros, con un beso.
II
La infancia duradera
De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.
El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.
Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.
Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
Recuerdo fugaz
Casi como la llama de una vela,
a veces diminuta y titilante,
llega para quedarse algún instante
la imagen que persiste de mi abuela.
Y en esa vibración de la candela
se escucha algún perol burbujeante,
el guiso va esparciéndose humeante
y está sobre el mantel limpio, de tela.
También recuerdo oler en el verano
el cuenco que servía de aceitunas
y el plato de embutidos y de queso.
Y luego una caricia de su mano
con unas advertencias oportunas
del río y sus peligros, con un beso.
II
La infancia duradera
De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.
El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo.
Tenía, a los tres años, vocación
de jefe, nada menos, de estación
por la gorra, el silbato y la bandera.
Y ahora, al resurgir de la memoria,
la gran protagonista de la historia
es la infancia feliz, y duradera.
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6 comentarios
m
Los queridos abuelos....Un abrazo, Salva.
l
Así es mi querido Manolo, los abuelos siempre presentes. Gran abrazo, queridísimo primo.
Salva.
Salva.
l
Mil gracias, amigo Castro, por la lectura amable.
l
Muchas gracias, querido Ben, por acercarte y por la lectura amable.
p
Rendido homenaje repleto de emociones nos dejas Salvador, el recuerdo de nuestros abuelos nos lleva a una infancia que no por lejana deja de ser próxima en el cariño de los nuestros.
Como siempre te felicito por tu poesía cercana y hermosa
Un abrazo
Como siempre te felicito por tu poesía cercana y hermosa
Un abrazo
l
Mil y mil gracias, querido Pepe, por esta compañía amable en mis letras. Celebro hayan sido de tu agrado, amigo mío.
Un fuerte abrazo.
Salva.
Un fuerte abrazo.
Salva.