Yo vivía en el puente de las frambuesas
y se me permitió contar las estrellas allí por la noche,
podia leer su cantidad en el agua.
Me eligieron para esta tarea
porque me atreví a inclinarme más que los que temen
a la profundidad como la muerte.
A veces no podia recordar dónde había quedado
mi trabajo comenzó, medido con paciencia,
de nuevo en medio del resplandor.
Sola o no, con doble vida
no puedo olvidar las frutas del día
que cuelgan para madurar en la oscuridad.
Te dejo un cálido abrazo.