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Antología "Devanando el Ocaso" - Reflexión

Publicado por Katia N. Barillas en el blog EfÍmera ilusión. Vistas: 20

EN EL GLACIAR “LAS LÁGRIMAS”
Reflexión acerca de "Los supervivientes de Los Andes"

Hoy vengo a rendir homenaje a quienes yacen reposando desde hace 48 años en el glaciar “Las Lágrimas”. 45 viajeros. 40 pasajeros y cinco tripulantes tomaron el vuelo 571 de la fuerza aérea uruguaya. Iban con destino a Chile. El aparato transportaba a los jugadores del equipo “rugby”… “The Old Christian” (así se llama), formado por alumnos del colegio “Stella Maris”.

Sin caer en ningún tipo de superstición, les participo que, la fatalidad sucedió el ´viernes 13 de octubre de 1972´. El trágico accidente se produjo entre cordones montañosos, nubes neblinosas y profundos y secos pozos de aire. El ganso de metal perdió las alas y, no coleteó, porque el ala derecha -en su furioso viaje por el aire- de un tajo cercenó su cola, lo que adelantó su rápida precipitación a tierra. Esto que les relato es parte de lo que recuerdo al momento en que los cineastas retornaron las mentes de los espectadores a los hechos, al pasar en la pantalla grande la película “Los supervivientes de los Andes”.

Continuando la narrativa, al interior del fuselaje -que parecía ya un proyectil de guerra- se activó la sonora alarma de colisión. En pasajeros y tripulantes el nerviosismo afloró; pero, faltaba por suceder lo peor. De repente, ante los ojos incrédulos y expectantes, las dos primeras filas de asientos -con sus ocupantes- salieron disparados por un boquete posterior y, el pájaro de latón, en la densa nieve, la nariz enterró.

De aquella increíble catástrofe fue testigo en “los Andes argentinos” el río Atuel, que acogió en su corriente “Las Lágrimas” que el glaciar le dejó caer en gotas gordas y gélidas y cristalizadas; era como si estuviese dolido de observar melancólicamente la ascensión de las almas de quienes ya habían perdido la vida y partido como éter a la inmensidad célica.

Por otro lado, la inercia hizo lo suyo. Comprimió los asientos y los elevó al techo del cuerpo del ave aquella que no era más que un inmenso desecho de lo que conocemos como “un avión”. Muchos pasajeros quedaron con sus piernas atascadas; sus cuerpos inertes, pálidos y ateridos… sin hálitos de oxígeno, estaban atrancados y visiblemente desunidos.

Fueron 72 días en que tenían que decidir si vivían o morían. De los 45 viajeros que partieron eran dieciocho los que habían muerto en un ¡zas!, en un suspiro, en un parpadeo. Los viajeros nunca imaginaron la sorpresa que el hado había preparado para ellos.

La primavera austral estaba en su apogeo. Fueron muchos intentos los de los rescatistas por encontrar a los accidentados de aquel infortunado vuelo. Todo fue en vano… el grupo había sido reducido a veintisiete. Las condiciones imperantes climáticas… el frio y la nieve y, además, los pensamientos negativos, la debilidad y el aletargamiento les desgajaban los ánimos y de vez en cuando, se vieron tentados a olvidarse de orar; no era posible darse el lujo de no ver y sin embargo creer; los milagros -se decían- existen y estaban destinados a quienes experimentaban los poderes de la oración en medio de la adversidad, aunque las pruebas con sus reveses se empeñen -muchas veces- en confundir al creyente; pero, quien tiene fe, nunca perecerá.

Dieciséis días después de haberse estrellado, un alud sepultó el cuerpo incompleto del pajarraco metálico que salió de Uruguay. Para colmo, la llama del mechero que les iluminaba -dentro de lo que era ya su celda- quería sucumbir. Los alimentos escaseaban, debían de racionarlos. Ahora eran veinticinco, habían fenecido dos cristianos más. Fue entonces que resolvieron aferrarse a la vida en vez de dejar que la muerte se los llevará al más allá. En ese momento deliberaron y concluyeron que la única manera para subsistir era la de alimentarse de los cuerpos de sus compañeros hombres (por cuestiones de principios no lo hicieron con los de las mujeres); se decían para ellos, en la soledad primitiva de sus pensamientos: “para seguir existiendo, muy a pesar nuestro, la única forma de lograrlo es la de nutrirnos de las carnes de todas aquellas ánimas que fueron llamadas a dejar sus vestimentas para partir a las alturas a encontrarse en la eternidad con Adonai”.

Los días soleados del último mes del año llegaron. El deshielo incrementó su esperanza. Era fecha 12 de diciembre de 1972, exactamente la data en que México celebra la efeméride por las apariciones de su patrona, la virgencita santa María de Guadalupe, “Emperatriz de las Américas”. En este día, tres de ellos deciden ir en busca de ayuda. Fueron diez días de marcha y 59 kilómetros recorridos a pie. Estaban desanimados. Sus pasos los llevaron hasta la precordillera de san Fernando en Chile y no lo sabían.

El cansancio y el hambre; la preocupación y la desolación y el agotamiento, los vencen. Caen rendidos en un sueño profundo. La debilidad corporal y el infortunio habían hecho de ellos guiñapos humanos. Amanece y se percatan de que, del otro lado del río, hay un arriero viéndolos. Le hacen señas, gritan, todo con el afán de poder comunicarse, pero, el paso de la crecida del brazo de agua se los impide… no los deja. Al ver la desesperación de los hombres, el trajinero amarra un cordel a una piedra y, con ella, envueltos en plástico, un lápiz y papel. Los damnificados -usando la misma forma de transportación para entablar contacto- envían su mensaje, que textualmente decía:

“Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace diez días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan catorce personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?”. Y, al reverso, una nota escrita con lápiz labial: “¿Cuándo viene?”.

El yegüero solidario les lanza barras de pan y considerables pedazos de queso y, entendiendo la terrible situación en que se encontraban aquellos pobres individuos, dio curso en atender el recado que yacía en sus manos y se dirige a Puente Negro -a cargo de los Carabineros de Chile- a diez horas de camino en bestia.

El tiempo para ellos era irreverente. Ya no les preocupaba su tránsito y, cuando menos lo esperaban, apareció como un espejismo, una patrulla de carabineros chilenos que llegaba a brindarles ayuda. El 23 de diciembre, cabalmente en la víspera final del adviento, dieciséis personas fueron rescatadas del sufragio, de la desolación y desesperanza, producto del horrendo siniestro.

Hasta hoy día, sobre la tumba de los veintinueve descarnados, esa fosa que se yergue en las alturas frígidas, a 800 metros de donde se estrelló la aeronave, yace una inmensa cruz de hierro que reza al frente: “El mundo a sus hermanos uruguayos” y, al reverso: “Más cerca, oh, Dios, de ti”.

Es atendiendo la solicitud de mi colega de letras y amiga uruguaya, Nora Rodríguez Pepe, que agradezco la deferencia y confianza en escogerme para escribir este “ad honórem” y doy ¡gracias!, elevo mi plegaria por aquellos que partieron y agradezco al Altísimo, Señor de Señores, por los que todavía viven y pueden dar fe de cómo salieron de tan escalofriante y calamitosa situación.

Creo que, si algunos de nosotros al leer esta reflexión, intentáramos por un momento ponernos en el lugar de quienes pasaron por semejante estrés, quizás nos poncharían en primera; aunque según los principios de ´Dianética´, la ciencia moderna de la salud mental, tratado filosófico del estadounidense, L. Ronald Hubbard: “… el hombre sobrevive para sí mismo y con esto se puede expresar todo comportamiento, pues el principio dinámico de la existencia es: ¡Sobrevive!”.

Les dejo saber que, al momento de hacer este registro histórico, me llamaron poderosamente la atención las siguientes fechas:

A) El día del accidente aéreo fue un viernes 13. Les explico que el viernes 13 es considerado, desde los primeros días de la historia del cristianismo, un evento o jornada de mal augurio. Esta atmósfera en la que se rodea el día tiene que ver seguramente con la muerte de Jesucristo en la cruz por la traición de Judas, quien era su discípulo número 13; aunque, de acuerdo con el comentario rabínico de La Torá, Dios tiene trece atributos de misericordia, los que se explican de la siguiente manera:

El núcleo de las Selijot es el texto Bíblico ‘Amonay, Amonay, E-l Rajum veJanun (Shemot 34:6). Estas palabras se conocen como los 13 atributos de la compasión de Dios.

Maimónides explica que, por atributos, no debemos entender que estas son «cualidades» de HaShem, es decir, lo que es HaShem ES (lo cual está más allá de nuestra comprensión), sino más bien, cómo HaShem opera en este mundo.

Estas palabras fueron invocadas por Moshé Rabenu en un momento muy delicado: cuando el pueblo de Israel adoró al becerro de oro y HaShem propuso destruir a Israel. Moshé le rogó a HaShem que perdonara a Israel, y como sabemos, HaShem lo hizo.

El rabí Yojanan explica en el Talmud que HaShem le enseñó a Moshé Rabenu que cuando invocamos estos 13 principios, nuestras transgresiones serán perdonadas. Los 13 principios dicen lo siguiente:

1. HASHEM – Dios, actuando desde la compasión. A diferencia de Eloquim, que alude a Dios, actuando desde la estricta justicia.

2. HASHEM

3. E-L – Poderoso en Su compasión. Aún sin merecerlo, cuida a sus criaturas de acuerdo a sus necesidades.

4. RAJUM – Misericordioso.

5. VEJANUN – Clemente, cuando la humanidad ya está en peligro.

6. EREJ APAIM – Lento para la ira.

7. VERAB JESED – Y generoso para actuar con bondad.

8. VE-EMET– Dios practica la verdad.

9. NOTSER JESED LAALAFIM – Y mantiene su bondad por mil generaciones.

10. NOSE AVON – Perdona nuestra iniquidad.

11. VAFESHA– Nuestras transgresiones.

12. VAJATAA – Y nuestros pecados.

13. VENAQE – Y cuando nos arrepentimos con sinceridad «borra de Su registro» todas nuestras transgresiones.


B) El día que deciden buscar ayuda fue un 12 de diciembre. Este número es usado 187 veces en la Biblia; veintidós las encuentran en el libro de Apocalipsis. El número doce indica la perfección de gobierno y también el servicio, la potestad y la protección. Además, Cristo escogió doce apóstoles como dirigentes y gobernantes de la Iglesia primitiva y prometió que se sentarían en doce tronos y juzgarían a las doce tribus de Israel. Jesús dice a sus discípulos: «cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mat. 19:28); asimismo, está -como bien lo dije- el hecho de que es la efeméride de las apariciones de la virgen guadalupana al indio Juan Diego en México (enfatizo en que los siniestrados rezaron el santo Rosario cada vez y cuando, buscando refugio en sus plegarias para apaciguar un poco los temores que les abrumaban; mientras, transcurrían pasmosas, aquellas interminables y estancadas 1,728 horas que duraron perdidos en las blancuras andinas argentinas).

C) Su rescate fue el 23 de diciembre de 1972. Exactamente un día antes de la conclusión del adviento.

¡Interesante! Cada fecha incluye algo espiritual… no religioso; hay que recordar que ser espiritual no es lo mismo que dejarse llevar por dogmatismos irracionales. Es por eso que si algún atraso se presenta en mi diario andar, quizás en el justo momento en que tengo planeado hacer algo fuera de casa y viene la mente traicionera y me juega una “buena pasada” haciendo que me olvide -por ejemplo- ¡en dónde carajo dejé las llaves!, digo: ¡Gracias Adonai!, gracias porque este olvido sé que eres tú librándome de alguna adversidad.

Sé que ninguno de nosotros puede dilucidar lo que vendrá, sin embargo, lo que los ´supervivientes de los Andes´ pasaron, coadyuvó en enseñarles nuevas lecciones de cómo valorar el hecho de respirar. Lo mismo sucederá con muchos de nosotros cuando pase la pesadilla llamada COVID-19. Ojalá y aprendamos las lecciones que los espejos ajenos reflejan en los propios y logremos ser más humanos, resilientes, empáticos y solidarios... en otras palabras, consigamos ser hermanos de verdad, porque todas estas fatalidades no son más que ¡lecciones de vida, señores! ¡Lecciones de vida!

©Katia N. Barillas Antología "Devanando el Ocaso"
www.katianbarillas.com https://www.youtube.com/c/NOCHESBOHEMIASdePURAPOESÍA https://www.spreaker.com/user/katianbarillas *Imagen tomada de la red

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