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Charlie

Publicado por Robsalz en el blog El blog de Robsalz. Vistas: 116

- Nunca fui una persona de fiar.
- Buen inicio, Charlie.
- Gracias, doctor.

Era nuestra tercera sesión, tenía un cuaderno azul en el que apuntaba los detalles que más le servían para sus análisis, cruzaba la pierna izquierda por encima de la derecha y usaba zapatillas negras, sin medias, tenía el ojo izquierdo ligeramente más cerrado que el derecho.

- Todos tenemos defectos Charlie, nadie es de fiar, recuerda eso Charlie, nadie, ni tu sombra - pidió permiso para encender un cigarrillo mientras me analizaba minuciosamente - ¿sabes por qué tenemos lunares, Charlie?, es la marca que nos pone Dios para recordarnos en su infinita misericordia que somos imperfectos, nunca te fijes en los pechos o en las caderas de una mujer, fíjate en los lunares que lleva, puedes saber qué tan imperfecta es una persona por sus lunares.
- Sabe doctor, yo nunca me fijo en los pechos de una mujer.

Soltó una carcajada, apuntó un par de cosas en el cuaderno y lanzó dos bocanadas de humo al aire.

- Dime, Charlie, ¿cuál es tu fetiche?.
- Miro el tamaño de sus orejas.

Se levantó, dio dos vueltas al consultorio, murmuró algo para sí y volvió a sentarse.

-Eres fino, Charlie, eres un puto fino, no eres como esas escorias que vienen acá, no, tú eres distinto. ¿Sabías que el tamaño de las orejas es proporcional con la lengua? - me miraba de manera eufórica - eres un sádico.
- La gente dice que soy un hombre raro.

Volvió a levantarse.

- No, Charlie, eres peculiar, raros son esos estúpidos que hacen las cosas por hacerlas, tú tenías una visión, una razón. Los perros son raros, puedes golpearlos, tirarles un zapato y siguen ahí, tú no eres raro, eres peculiar, ¿qué miras en sus orejas?.
- Las miro a ellas.

Empezó a silbar y recogió las mangas de su camisa. Luego tomó una grabadora y se sentó junto a mí.

- Cuéntame Charlie, ¿cómo la mataste?.
- Yo no la maté.

Movió su cabeza hacia los lados.

- Tú no, tú no. Eres fino, dime... -agachó la cabeza y puso sus manos encima- dime, ¿cómo la mataste?.
- Fue muerte natural.

Se puso de pie y tomó unas hojas de su escritorio, me miró y sonrió.

- ¿Muerte natural? sí, seguro. No me mientas, tu expediente dice que fueron seis puñaladas.
- ¿Seis?, yo conté siete.
- Detalles, Charlie, simples detalles. Todos llevamos un asesino adentro, algunos matan moscas, otros matan amores, culpamos a los que colman las primeras páginas de los diarios, ¡envidia! ¡envidia Charlie!, se atrevieron, fueron más allá, quiero saberlo, dime los detalles, los detalles, veo tus lunares Charlie, eres como yo, dímelo.
- Estaba cocinando.

Se sentó junto a mí, pude respirar su ansiedad, respiraba agitado de la emoción, me sentí cómodo.

- Preparaba el desayuno, eran las seis de la mañana. Llevaba una camisa azul mía, sandalias negras, las piernas libres, podía ver sus nalgas cubiertas por esa tanga blanca. Habíamos discutido los últimos días, balbuceaba algo mientras cocinaba, yo ya estaba harto, ya no éramos compatibles, además yo ya tenía otra.
- Fino, Charlie, fino.
- Me dijo que yo no era el hombre que ella había soñado, me dijo que estaba cansada de esforzarse y de que yo tirara todo por la borda, que habían tipos que se deseaban una mujer como ella...
- La muy, muy...
- Comenzó a llorar, con eso solucionaba todo, volvió a verme y me dijo "yo tenía vida, pero tú me la quitaste", ahí lo entendí, junto a mi mano derecha estaba el cuchillo, afilado, brillante, lo tomé y caminé hacia ella, me incliné y con rabia pasé el cuchillo por su muslo, "idiota" me gritó y pasé el cuchillo por su espalda, cayó de rodillas, el hombro izquierdo recibió el tercer cuchillazo, miré por la ventana, no había nadie, comenzó a arrastrarse por el suelo para escapar, la tomé por el cabello, dos veces clavé su pecho...

El doctor escuchaba el relato con ojos inmersos de curiosidad...

- "Charlie" me dijo ella, cerca del ombligo puse el sexto, ya no se movía, solté el cuchillo y di media vuelta...
- Espera Charlie, llevas seis puñaladas, dijiste que eran siete.
- Cierto, pero aún después de la sexta puñalada se movió, me tiré sobre ella y tomando el cuchillo lo clavé en su vientre.
- De lujo, Charlie - volvió a revisar mi expediente- pero... dime ¿quién te acusó?.
- Mi cuñada había visto toda la escena detrás de la puerta, eso dijo en el juzgado.

El doctor cerró su cuaderno, lo puso sobre el escritorio y me dijo:

- Dime, ¿por qué las mujeres son mejores que nosotros? - moví la cabeza a los lados- tienen confianza, cuando alguna sufre algo, llama a una amiga y esta llama a otra y siguen la cadena, cuando te das cuenta tienes veinte de ellas. Nosotros no. Pero podemos hacer algo Charlie, tú puedes, ¿cuánto te queda en prisión?.
- Cinco años.

Sacó una tarjeta de su billetera y me la dio.

- Cuando salgas de aquí, búscame, esta es mi dirección, mi revólver Smith & Wesson es tuyo si logras vengarte por el sexo masculino - luego le hizo un ademán al guarda y me trasladaron de nuevo a mi celda.

Cinco años después.

Tenía razón el doctor, el revólver se mira bien, las cosas cambian cuando pasas quince años en una celda, confinado al oscurantismo de no tener a nadie, las visitas que recibí fueron contadas, después de dos años en prisión no volví a recibir visitas, el mundo es tuyo cuando caes en razón de que estás solo....

Frente a la puerta, tengo recuerdos y pensamientos encontrados. Oigo donde vienen a abrir la puerta, no sudo, estoy relajado. Abre ella y su cara se desfigura al mirar mi sonrisa.

- ¿Charlie?... ¿qué haces acá?.
- Hola Eugenia, sólo vine a conversar y de paso a terminar un pendiente.

Fin
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