Habían pasado dos años, del nacimiento de Sofía, ella tomaba forma de niña común y observadora, dos años y ya caminaba y decía algunas palabras claves para obtener lo que quería, -agua, sopa, cama, etc...
En aquella tarde en el que el día soleado se convertiría en historia de roja tinta, Sofía dormía, -dormía dulcemente-, su madre le había administrado un calmante y la dejo oculta en la cajuela del coche, la quería ver tranquila, así que antes de colocarla dentro del coche, le coloco algunas almohadas y la cubrió con un pabellón rosa, entre aquella llanta que tenia de refacción en la caja del coche.
Fue más rápida que cualquier mañana, ese amanecer, la madre de Sofía se había preocupado por administrar a Sofía el calmante, pero había olvidado subir al coche víveres y algo de tomar para el viaje, y los niños, los hermanitos mayores de Sofía, seguían en pijama, en sus habitaciones, durmiendo tan tranquilos como su conciencia de infante les dejaba estar.
Ya hacía como 40 minutos que el padre de Sofía había llamado a su madre, explicándole el por que debía viajar apresuradamente, de ultimo momento, la madre había entendido todo lo que tenia que hacer, lo sabia de memoria, aunque los nervios la hacían muy torpe y temblaba en aquel intento de agilización.
No quedaba tiempo y ella tomo de uno en uno a sus dos hijitos de 4 y 7 años, para subirlos al coche, sin víveres, sin ropa, solo unos cuantos ahorros que tenían en una botella en el closet.
Sin pesar mucho, salio de la casa, junto con sus dos hijos, para subirlos al coche. Pronto los subió en el asiento trasero y volvió a la casa por un momento a recoger los papeles y actas de nacimiento de sus hijos que había dejado en la barra de la cocina. Para entonces, ya con los papeles, subió al coche y se percato que de su hija mayor de 7 años, no estaba en el coche, no sabia donde había ido, la verdad era que la niña necesitaba ir al baño.
En ese momento dos coches entraron a toda velocidad, se bajaron unos hombres de aspecto demacrado, algo normales, pero con aspecto serio, vieron el coche con la madre arriba, justo en el momento en que su hija mayor había desaparecido, ella solo se congelo, el hombre se le acerco y pregunto por su esposo con voz ruda, y esta al temor y miedo que sintió, solo tartamudeo entre lagrimas,
-No lo se señor...
Y al terminar esa frase, una bala a través su cráneo, y enseguida fue el niño de 4 años que estaba en el asiento de atrás, que al ver el cuerpo el rostro de su madre vaciado en sangre, solo empezó a llorar, lloro de miedo, y para callarlo le hablaron un poco, lo bajaron del coche, pero este pataleo y solo lo hicieron callar, lo hicieron callar para siempre, dieron otro balazo, que atravesó un ojo y lo tiraron entre las flores del jardín y algunas hierbas del huerto familiar, para que no hiciera estorbo su cuerpecito al caminar...
Al pronto momento, los hombres entraban en la casa, gritando y rompiendo cosas, amenazando al aire y enfurecidos, buscaban al padre de Sofía, y no se percataron de que alguien se ocultaba en el baño, en la caja de lavabo, era la niña de 7 años que se había ocultado tras presenciar por la ventana los balazos y la muerte de su madre y hermano.
Solo lloraba, sola, en silencio, que todos esos hombres malos se fueran de casa.
En aquella tarde en el que el día soleado se convertiría en historia de roja tinta, Sofía dormía, -dormía dulcemente-, su madre le había administrado un calmante y la dejo oculta en la cajuela del coche, la quería ver tranquila, así que antes de colocarla dentro del coche, le coloco algunas almohadas y la cubrió con un pabellón rosa, entre aquella llanta que tenia de refacción en la caja del coche.
Fue más rápida que cualquier mañana, ese amanecer, la madre de Sofía se había preocupado por administrar a Sofía el calmante, pero había olvidado subir al coche víveres y algo de tomar para el viaje, y los niños, los hermanitos mayores de Sofía, seguían en pijama, en sus habitaciones, durmiendo tan tranquilos como su conciencia de infante les dejaba estar.
Ya hacía como 40 minutos que el padre de Sofía había llamado a su madre, explicándole el por que debía viajar apresuradamente, de ultimo momento, la madre había entendido todo lo que tenia que hacer, lo sabia de memoria, aunque los nervios la hacían muy torpe y temblaba en aquel intento de agilización.
No quedaba tiempo y ella tomo de uno en uno a sus dos hijitos de 4 y 7 años, para subirlos al coche, sin víveres, sin ropa, solo unos cuantos ahorros que tenían en una botella en el closet.
Sin pesar mucho, salio de la casa, junto con sus dos hijos, para subirlos al coche. Pronto los subió en el asiento trasero y volvió a la casa por un momento a recoger los papeles y actas de nacimiento de sus hijos que había dejado en la barra de la cocina. Para entonces, ya con los papeles, subió al coche y se percato que de su hija mayor de 7 años, no estaba en el coche, no sabia donde había ido, la verdad era que la niña necesitaba ir al baño.
En ese momento dos coches entraron a toda velocidad, se bajaron unos hombres de aspecto demacrado, algo normales, pero con aspecto serio, vieron el coche con la madre arriba, justo en el momento en que su hija mayor había desaparecido, ella solo se congelo, el hombre se le acerco y pregunto por su esposo con voz ruda, y esta al temor y miedo que sintió, solo tartamudeo entre lagrimas,
-No lo se señor...
Y al terminar esa frase, una bala a través su cráneo, y enseguida fue el niño de 4 años que estaba en el asiento de atrás, que al ver el cuerpo el rostro de su madre vaciado en sangre, solo empezó a llorar, lloro de miedo, y para callarlo le hablaron un poco, lo bajaron del coche, pero este pataleo y solo lo hicieron callar, lo hicieron callar para siempre, dieron otro balazo, que atravesó un ojo y lo tiraron entre las flores del jardín y algunas hierbas del huerto familiar, para que no hiciera estorbo su cuerpecito al caminar...
Al pronto momento, los hombres entraban en la casa, gritando y rompiendo cosas, amenazando al aire y enfurecidos, buscaban al padre de Sofía, y no se percataron de que alguien se ocultaba en el baño, en la caja de lavabo, era la niña de 7 años que se había ocultado tras presenciar por la ventana los balazos y la muerte de su madre y hermano.
Solo lloraba, sola, en silencio, que todos esos hombres malos se fueran de casa.
Pag. 3