Te veo Mejillones


Mejillones… el tiempo se pierde en tus calles
que miran hacia el mar,
en ellas, los de paso lento y cansado
escuchan el eco de los vagones avanzar a la soledad,
oyen el sonido de las palas atacando la tierra,
en la falda del cerro Angamos
en busca de guano para fertilizar la realidad.


Siento y veo en el rostro de los pescadores,
el adiós familiar
de quienes soportaron la despedida
y el beso de la mujer amada con un “nos vemos”.
La pesca no cesaba y los barcos se perdían en la mar,
volviendo para el 8 de octubre a atracar.


Rompe el silencio nocturno
la melodía de Gamelin, Mejillones yo te quiero…
y los faroles acaban con la densa oscuridad
como la luna llena
en la inmensidad del mar,
mientras se celebra un día más con felicidad.


Vivo el amanecer, viendo caer el primer rayo de sol
sobre un vagón, aquel vagón
que se convirtió en monumento para algunos,
veo partir un barco, y aproximarse otro,
en el gran puerto que comenzó como un sueño inalcanzable
y terminó como un logro benévolo.


Te percibo Mejillones, te veo avanzar,
has convertido tus días en gloria,
no obstante… la angustiosa amnesia
resulta una historia perdida,
que se desecha y cambia por una nueva idea.


Querido hermano, padre, amigo,
allende los lindantes,
te advierten más dinámico, más enérgico
cual adolescente presumido,
creces embebido en el olvido.


Crece soberano, Mejillones,
florece en el fertilizante del pasado,
no dejes en el olvido
lo que te llevo a ser un titán,
Mejillones vuelve a tu más tierna infancia,
Mejillones… crece como un niño.