Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
El desierto era la figura de aquella tarde,
desolado y distante; por naturaleza
ay luna, te enamoraste del sol que arde.
Tú delicada, bella y con tanta realeza.
Le cantas al mar, acompañado de sirenas
a la caracola que guarda el rumor en ella,
entre nubes te pierdes en las estelas serenas.
Y dejas atrapada a mi alma, como velero de botella.
Con la sutileza de los pasos al acecho
entre la bruma del mismo silencio,
como el suspiro amante en un solitario pecho.
O el susurro de un te amo, apareces quedito.
Acaso las cicatrices son surcos sin cosecha
donde germinan tus versos,
tu alma el almacén donde la inspiración acecha.
Para poblar los prados con tus progresos.
Se agita el mar en la serena noche morena
las palmas de mis manos te buscan a tientas en un abrazo,
y la luna ha iluminado mis huellas en la piel de tu arena.
Tu vientre se ata a mis espaldas como un delicado lazo.
La palabra se desprende del racimo, ya madura
se hacen versos en cuanto tus labios la pronuncian,
que ni el silencio logra desgajar por tu altura.
Mujer nacida entre cantos, que tu nombre anuncian.
Está escrito en las arenas de todas las playas
grabado en el muro, donde rezaste el salmo
habrán de seguirte hasta donde tú vayas.
Para decírtelo en idioma universal, te amo.
Te amo poesía en la forma más dulce y sublime
acaso en la única y tierna que aprendiera,
al pronunciar tus propias palabras;
que solo son mías cuando tú me las inspiras.
desolado y distante; por naturaleza
ay luna, te enamoraste del sol que arde.
Tú delicada, bella y con tanta realeza.
Le cantas al mar, acompañado de sirenas
a la caracola que guarda el rumor en ella,
entre nubes te pierdes en las estelas serenas.
Y dejas atrapada a mi alma, como velero de botella.
Con la sutileza de los pasos al acecho
entre la bruma del mismo silencio,
como el suspiro amante en un solitario pecho.
O el susurro de un te amo, apareces quedito.
Acaso las cicatrices son surcos sin cosecha
donde germinan tus versos,
tu alma el almacén donde la inspiración acecha.
Para poblar los prados con tus progresos.
Se agita el mar en la serena noche morena
las palmas de mis manos te buscan a tientas en un abrazo,
y la luna ha iluminado mis huellas en la piel de tu arena.
Tu vientre se ata a mis espaldas como un delicado lazo.
La palabra se desprende del racimo, ya madura
se hacen versos en cuanto tus labios la pronuncian,
que ni el silencio logra desgajar por tu altura.
Mujer nacida entre cantos, que tu nombre anuncian.
Está escrito en las arenas de todas las playas
grabado en el muro, donde rezaste el salmo
habrán de seguirte hasta donde tú vayas.
Para decírtelo en idioma universal, te amo.
Te amo poesía en la forma más dulce y sublime
acaso en la única y tierna que aprendiera,
al pronunciar tus propias palabras;
que solo son mías cuando tú me las inspiras.
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