Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Ah, brazo tímido, tímidamente escondido
que buscabas siempre otra carne,
mudo guardián de un único cuerpo,
enojado alborotador de esta quietud mía!
Pronto deseabas detenerte en otra suerte;
y aquel día, desgarrado, saliste de tu guarida
con torpe ademán de júbilo
para encontrar el lugar en ella;
como hambriento céfiro
quisiste girar para devorar
la carne, el muslo, la última hoja fresca;
y convertir en lumbre incierta
el hueso invisible, desnudo,
de aquel abrazo que no existió,
llamarada secretamente abierta en ti.
¡Ah, brazo confuso que te creías ganador
cuando subías en torvo movimiento
como cuchillas afiladas alrededor del cuerpo
para desangrarte de muerte en ella!
Pero con una mirada de invierno
me llamaste desde lejos;
y mi brazo, torpe, no te miró.
que buscabas siempre otra carne,
mudo guardián de un único cuerpo,
enojado alborotador de esta quietud mía!
Pronto deseabas detenerte en otra suerte;
y aquel día, desgarrado, saliste de tu guarida
con torpe ademán de júbilo
para encontrar el lugar en ella;
como hambriento céfiro
quisiste girar para devorar
la carne, el muslo, la última hoja fresca;
y convertir en lumbre incierta
el hueso invisible, desnudo,
de aquel abrazo que no existió,
llamarada secretamente abierta en ti.
¡Ah, brazo confuso que te creías ganador
cuando subías en torvo movimiento
como cuchillas afiladas alrededor del cuerpo
para desangrarte de muerte en ella!
Pero con una mirada de invierno
me llamaste desde lejos;
y mi brazo, torpe, no te miró.
Última edición: