reltih
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Cuán péndulo que hala en su punto cero,
el peso del ancla que suspende el horror.
Cuán anfiteatro de nébula que incinera
las estañadas letras del resentimiento
y apuntalan las voces de lo absurdo.
El recuerdo exhala la venérea
excelsa de lo maldito,
que como peste designa duda en la yugular
de los estrangulados pensamientos.
Es una obra macabra,
ésta de ser inválido de espíritu,
de ser un molde despropiado de figuras,
incapaz de crear armas naturales,
que despedacen el azul infinito de un maquillaje.
Veneraré las mutaciones de la oscuridad,
para entender, que el silencio
es un aborto obligado,
que gestó un embrionario sonido,
parido por lo incierto.
¡Vamos a la entrada estéril del paraíso muerto!
Y descubramos las deformidades veladas
en el ataúd conspirador de desprolijas vidas.
¡Vamos! descubramos una vil pericia
para hartarnos de la nociva basura
existente en los predios moribundos de la claridad
y hagamos realidad el triunfo malévolo
que existe en el nacimiento sacrílego de la muerte.
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