reltih
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentado en la puerta de la calle.
Veo pasar escenas
que no me inspiran.
Pasa el drogadicto del barrio,
y es el único que ha
tenido la amabilidad
de saludarme.
Entro, y miro por la ventana...
¡la misma vaina!
No veo nada que me inspire,
excepto las persianas.
Me sumerjo en mi habitación
y sólo consigo recordar
a la traicionera
que me abandono.
Prendo la tele, ¡y preciso!,
las noticias de farándula...
- aunque son mejores que las reales-
paso el canal
y el novelón insípido
de cuando era adolescente,
sólo que ahora tiene otro nombre.
¡Esto es patético!.
Voy al jardín, y las flores
están heridas, sin color;
¡pero, un momento!
Creo que mis intestinos
acaban de sugerirme
un buen lugar,
donde las imágenes
fluyen al son de cada pedo.
¡Si señor! Iré al sanitario
ha echar una cagada
y de seguro, que bajo
el efecto de la nicotina
y de olores nauseabundos;
escribiré la más bella
historia de amor.
Copyright © 2009 Derechos Reservados
Veo pasar escenas
que no me inspiran.
Pasa el drogadicto del barrio,
y es el único que ha
tenido la amabilidad
de saludarme.
Entro, y miro por la ventana...
¡la misma vaina!
No veo nada que me inspire,
excepto las persianas.
Me sumerjo en mi habitación
y sólo consigo recordar
a la traicionera
que me abandono.
Prendo la tele, ¡y preciso!,
las noticias de farándula...
- aunque son mejores que las reales-
paso el canal
y el novelón insípido
de cuando era adolescente,
sólo que ahora tiene otro nombre.
¡Esto es patético!.
Voy al jardín, y las flores
están heridas, sin color;
¡pero, un momento!
Creo que mis intestinos
acaban de sugerirme
un buen lugar,
donde las imágenes
fluyen al son de cada pedo.
¡Si señor! Iré al sanitario
ha echar una cagada
y de seguro, que bajo
el efecto de la nicotina
y de olores nauseabundos;
escribiré la más bella
historia de amor.
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