Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
.
Déjame cubrirte con mis años
mientras tú lo haces con tu piel bella,
verde, joven,
con tu pelo jirones de miel cielo,
y rindamos cuentas
a las urgentes fantasías
del amor de locos en el cuerpo
de tímidos corderos de domingo
mientras nuestras ropas-pieles
-que allá afuera miran los lobos
que se dicen hombre-
duermen en la alfombra,
quedémonos de piel tú en mí y
la mía que también te cubra,
cerremos puertas y ventanas y
mientras la tarde gime su caída y
la noche llora en silencio su llegada,
ábreme pequeño,
ábreme los ojos,
deja maravilla que te observe,
cierra tu mirada y siente corazón
como me palpita el alma en el amor,
has que tus piernas queden quietas
en mis hombros mientras
mi aliento las calienta y
me miro en movimiento en tus ojos de hombre
cuando nuestras almas se froten una a la otra y
que le duela a quien le duela
nos volvamos sin prejuicio alguno, uno solo,
y que el dios del hombre intolerante
que no entiende de amores nos perdone
si le place,
mientras nuestro amor de hombres
se empapa de simientes,
y le hace el verdadero sacrificio
a nuestro Dios que es pleno de amor;
sin etiquetas, sin nombre, sin prejuicios
sin los dramas de los sacerdotes
que se dicen hombres
y nos mandan infierno,
mientras cubren con enormes faldas
sus verdaderas perversiones...
6ayo 21.2.10 (este pequeño es mayor de edad, je)mientras tú lo haces con tu piel bella,
verde, joven,
con tu pelo jirones de miel cielo,
y rindamos cuentas
a las urgentes fantasías
del amor de locos en el cuerpo
de tímidos corderos de domingo
mientras nuestras ropas-pieles
-que allá afuera miran los lobos
que se dicen hombre-
duermen en la alfombra,
quedémonos de piel tú en mí y
la mía que también te cubra,
cerremos puertas y ventanas y
mientras la tarde gime su caída y
la noche llora en silencio su llegada,
ábreme pequeño,
ábreme los ojos,
deja maravilla que te observe,
cierra tu mirada y siente corazón
como me palpita el alma en el amor,
has que tus piernas queden quietas
en mis hombros mientras
mi aliento las calienta y
me miro en movimiento en tus ojos de hombre
cuando nuestras almas se froten una a la otra y
que le duela a quien le duela
nos volvamos sin prejuicio alguno, uno solo,
y que el dios del hombre intolerante
que no entiende de amores nos perdone
si le place,
mientras nuestro amor de hombres
se empapa de simientes,
y le hace el verdadero sacrificio
a nuestro Dios que es pleno de amor;
sin etiquetas, sin nombre, sin prejuicios
sin los dramas de los sacerdotes
que se dicen hombres
y nos mandan infierno,
mientras cubren con enormes faldas
sus verdaderas perversiones...
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