Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
no termino de soñarte, no te sales,
no respetas el intento del olvido,
cada noche te presentas
con tu piel de leche desnuda ante mis ojos,
sales de la nada donde al parecer
te has encontrado,
sales ofreciéndole a mis labios la sal
de mis demonios en la palma de tus manos,
exponiendo tu blanco tafanario a mis dedos,
al deseos y a las perversiones,
de nada vale que me oculte tras los rezos
con los ojos muy abiertos
debajo de los trapos de la cama,
llegas y me llueves perlas en la frente,
en el pecho,
en el blasón que emerge de mi cuerpo
cuando me erotiza tu aliento,
no respetas ni las pesadillas donde
te descubres desde atrás de la apnea
a mojarme con alevosía la frente,
las axilas, el bajo vientre,
el madral de angustias que lloran las distancias,
mis garitas, el amor que aún me resta
y todas las fronteras.
Due 1.2.11 en una mañana en la que un hermoso horizonte pintó cual acuarela una luna delgadita, afilada, blanca como uña .
no respetas el intento del olvido,
cada noche te presentas
con tu piel de leche desnuda ante mis ojos,
sales de la nada donde al parecer
te has encontrado,
sales ofreciéndole a mis labios la sal
de mis demonios en la palma de tus manos,
exponiendo tu blanco tafanario a mis dedos,
al deseos y a las perversiones,
de nada vale que me oculte tras los rezos
con los ojos muy abiertos
debajo de los trapos de la cama,
llegas y me llueves perlas en la frente,
en el pecho,
en el blasón que emerge de mi cuerpo
cuando me erotiza tu aliento,
no respetas ni las pesadillas donde
te descubres desde atrás de la apnea
a mojarme con alevosía la frente,
las axilas, el bajo vientre,
el madral de angustias que lloran las distancias,
mis garitas, el amor que aún me resta
y todas las fronteras.
Due 1.2.11 en una mañana en la que un hermoso horizonte pintó cual acuarela una luna delgadita, afilada, blanca como uña .
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