Vuelvo…
Desde confines azules desciendo,
don de tórridas luces y el merengue…
Confortable y dulce viaje galáctico,
nada ignorado en soberbia aventura.
Cosmonautas, astronautas y gnomos
preparaban café y Venus conmigo…
Atravesó y me penetró en su mito
salino de espumas olor lavanda.
Disfrutando cada punto de luz,
viajo encandilado pleno en delirios
ya diviso la joya del pacífico.
Traigo piedra de luna en mi mochila,
el canto de un picaflor de Andrómeda...
La rosa que cultivó un principito.
Ramiro Deladanza
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