Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Dedos
Las palmas de mis manos
no los reconocen cuando ansían
las palmas de tus playas y
las buscan con las luces de los faros,
mis dedos se están enamorando
de esa piel de atardecer sin prisas,
de esas curvas de canela y
mascabado debajo de la espalda,
de ese andar sobre los sueños de uno
con tus piernas largas sin pisar los aleluyas,
mis dedos buscan misas y
reclaman a los cielos tus mejillas,
demandan de tus mares las agua
que enjuaguen sus pecados,
suplican canela y
mascabado, piel de atardecer en cuna,
dormir sólo un rato, un instante,
una vida hasta que al tenerte para sí y
para no,
se vuelva viejo el horizonte.
Gayo. 11.4.11
.
Las palmas de mis manos
no los reconocen cuando ansían
las palmas de tus playas y
las buscan con las luces de los faros,
mis dedos se están enamorando
de esa piel de atardecer sin prisas,
de esas curvas de canela y
mascabado debajo de la espalda,
de ese andar sobre los sueños de uno
con tus piernas largas sin pisar los aleluyas,
mis dedos buscan misas y
reclaman a los cielos tus mejillas,
demandan de tus mares las agua
que enjuaguen sus pecados,
suplican canela y
mascabado, piel de atardecer en cuna,
dormir sólo un rato, un instante,
una vida hasta que al tenerte para sí y
para no,
se vuelva viejo el horizonte.
Gayo. 11.4.11
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