Mi voz buscaba el viento para tocar su oído…
Fotografías, manzanillas y grillos…
ilusiones en canciones y emociones.
Entretanto tus mezquinas bondades,
busqué tu matorral y tu suave corola.
Abandonar es verbo no igualable…
Jamás él ha cruzado mi aire y mi destino.
La felicidad depende solamente de ti.
Tus caderas no son únicas brisas celestes,
hay tranvías y trenes a todo tiempo y hora…
Yo decido el pasaje, el clima y la calma
la calidad del café, el té y la cerveza.
No me hace daño el frío pavoroso…
Abrigado he conciliado la dulce armonía
en céfiro, viento, voz, oído y temporal;
te buscaba, te ansiaba, aun te espero.
Ramiro Deladanza
Nota: el título de mi poema es un verso del poema 20 de Pablo Neruda.
Última edición: